OPINION

MI EXPERIENCIA CON LAS CINCUENTA SOMBRAS…

Nota de la autora:

Me he “tragado” las tres partes de la Trilogía de Grey y no me ha gustado. Mucho marketing, pero mala literatura (incluso me ha parecido de ciencia ficción). Me quedo con el Marqués de Sade (no con toda su obra, pero sí con determinada selección que no viene al caso comentar en este artículo). Harta ya de oír hablar del tal Grey, y dado que mis amigas me preguntaron tras leer mi primer libro si había leído LAS CINCUENTA SOMBRAS, decidí leerme la trilogía entera. Lo que vais a leer a continuación es una broma que adjunté como preámbulo a un correo que envié hace algunos meses a mis conocidos, ante una noticia que me impactó en su momento, relacionada con las andanzas de Christian y su tonta enamorada, alias “la diosa que hay en mí” (el género humano, qué fácilmente se deja influenciar). Para quitar dramatismo al asunto, amenicé aquel artículo periodístico con esta entrada que os presento.

“La verdad es que no sé por qué se le ha dado tanto bombo a esta novela, en serio.  Yo no la había leído hasta ahora pero a base de ver a  todas las señoras con ella en el metro, en el bus o hablando sobre Las cincuenta sombras de Grey a todas horas, decidí que no iba a ser la única mujer en España, qué digo, en el mundo entero que no pudiera comentar nada de la susodicha novela, estaría bueno, con lo que a mí me gusta hablar y con lo que me gusta escribir. Así que ayer me la trajo una amiga. En papel, como tiene que ser. Empecé a leerla en cuanto salí de la oficina, de camino a casa.

Y éste fue el resto de mi día:

En el metro. De pie lo abro y empiezo a leer. Tengo que bajarme en Sol para hacer transbordo. ¿Pero qué hago yo en Noviciado? En el bus interurbano. Me subo, pillo asiento al lado derecho, para que no me dé el sol y me amodorre, (hoy no me apetece mucho dormir, quiero leer) y lo vuelvo a abrir. Me ha cundido leyendo en el Metro, llevo 90 páginas. Claro, como he tenido que regresar a Sol… En el bus tampoco voy mal, leo rápido, será que fui a colegio público, ejem. Ha pasado un buen rato, casi tengo que haber llegado a mi pueblo. Joder, no me suena nada esto. ¿Pero dónde narices estoy? Ostras, en Pinto, me equivoqué al coger el bus. ¿Y qué hago yo en Pinto? Hoy no llego a casa ni a las seis… En fin, deshago el entuerto. Al menos no me aburriré durante el trayecto a mi casa porque tengo lectura. Continúo leyendo, ya en la camioneta correcta. ¿He escrito “camioneta”?, por favor, olvidadlo, es una palabra que delata mi edad. Llego a casa. Me han mandado mogollón de whatsapp, “¿Pero dónde narices estás?” “Mamá, regresa, te prometemos recoger nuestra habitación y no dejar todo tirado, pero por favor, no te vayas de casa…” Todos me esperan en la puerta, los perros incluidos. Me miran con odio, ¡qué susto les he dado! Finjo y disimulo. No puedo decir que me quedé sin batería, me han pillado con el móvil en la mano y leyendo los mensajes. En la otra el libro y en la otra las llaves, ¿pero cuántas manos tengo? Pongo una lavadora, con el libro en la mano, para variar, es que no encuentro un marcapáginas y tampoco tengo mucha memoria para recordar la página por la que voy. Sigo leyendo. Acaba la lavadora, los calzoncillos, los tangas y la ropa interior blanca ya no es de color blanca, sino rosa. ¿El motivo? Metí entremedias una sudadera de Duff nuevecita y de un color rojo intenso y eso que no era pequeña que digamos. Bueno, ¿sabéis si este invierno se lleva la ropa interior rosa? Se lo preguntaré mejor a las chicas. Y suma y sigue… Pongo patatas a cocer y me siento en la mesa de la cocina, con el libro en la mano: me tengo que comprar otra cacerola, ésta se me ha chamuscado un poco, bueno, un  poco no, tengo que tirarla y la cocina está llena de humo, por suerte el extractor funciona a las mil maravillas. Saco a los perros. Las correas en una mano y el libro en la otra. Complicado, pero se puede… La gente me mira por la calle, qué pasa, ¿nunca han visto a un yorkshire ni a un braco alemán? Qué incultura perruna… Qué bien van mis chicos, no tiran ni nada. Les miro, ¿Pero dónde me he dejado a los  perros? Sólo estoy arrastrando dos correas. Joder. Vuelvo a casa. Ya no los saco, que corran y hagan lo que tengan que hacer en mi jardín.  Me subo a duchar. Me llevo el libro. Leo un poco mientras cojo las toallas y preparo el secador. Qué poca espuma hace este champú, ¿Con esto de la crisis estos de Phantene habrán cambiado la formulación química? Pudiera ser. Y este gel huele distinto… Vaya, me he echado exfoliante en la cabeza y me estoy lavando el cuerpo con el champú. Y encima no veo apenas, el baño está lleno de vaho, claro, he empleado el doble de tiempo en ducharme. No ceno, para qué, debo perder un par de kilos, lo dedicaré a leer. No es que el libro esté muy allá, pero ya que he empezado… Todos se han acostado. No hay nada interesante en la tele. En mi mano, las Cincuenta sombras de Grey. El protagonista no es para tanto, veintiocho años, culto, atractivo, bien dotado físicamente, (qué talla calzará, en el libro no lo dice pero se intuye), incluso tiene tableta, ojos grises y cautivadores, aspecto masculinamente desaliñado, dulce y perverso, inmensamente rico… Vamos, que te encuentras a un tío así detrás de cada esquina. La chica tampoco es muy corriente que digamos, la tosen y ya se excita, el prota le dice, “goza” y lo hace en un santiamén, “quiero tu orgasmo” y al momento a ella le viene, se pone de cero a cien en décimas de segundo, como el coche de Fernando Alonso, menuda facilidad, no sé si será sumisa o no, pero si esos son los resultados, yo también me apunto. Se pasa todo el libro diciendo “la diosa que llevo dentro”, qué cansina, jopé, ¿qué pasa?, ¿acaso quiere promocionar la Venus Breeze. Para eso ya tenemos a Jennifer López. Él le regala un Audi, unos incunables de catorce mil dólares, un macbook, que todavía no ha salido al mercado y la única cosa que se le pasa por la cabeza es que se siente como una p…., a mí lo que se me pasa por la cabeza es que es una imbécil. Un tío guapo y con pasta te regala cosas y tú sólo dices que las aceptas en préstamo, ¡pero chica, que tienes un coche que se cae a pedazos y en cualquier momento te va a dejar tirada, so tontaina! Y yo todavía estoy pagando el mío. Dios da pan a quien no tiene dientes. En ocasiones ella me recuerda a los replicantes de Blade Runner, a esa tía en concreto que servía como esclava sexual. Por favor, no me digáis que sois muy jóvenes para Blade Runner que me hundís. Oigo a las mujeres comentar en el metro, “con ese protagonista seguro que todas las mujeres querríamos ser esclavas”, en fin. Y esas palabrejas tan raras que he leído, algunas no las había oído nunca, bondage, fisting, barras rígidas, qué inculta, si hasta he tenido que recurrir a la wikipedia. Son las dos de la mañana y cierro el libro. Por fin lo terminé. ¿Mi crítica? No soy una experta en la materia. Se deja leer, el tema no está mal, en fin, es pasable, aceptable, ameno… ¿Cómo os diría? De cero a diez… Me reservo la puntuación, si no os importa. Por cierto, alguien me podría pasar esta misma mañana si los tenéis, los otros dos volúmenes, acepto que sea en pdf, me gusta más el papel pero en este caso podría hacer una excepción. Y si alguno de vosotros los tiene y me los pasa hoy mismo, por favor, que me desee suerte, no quiero acabar esta vez en Aranjuez.”

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2 thoughts on “MI EXPERIENCIA CON LAS CINCUENTA SOMBRAS…”

  1. No se si te has leido los ltros dos volumenes siguientes a esta novela, pero debido a tu avidez en la lectura yo te recomiendo que no viajes, que los leas sentadita y a ser posible en la cama

  2. Tengo que decir que debo de ser la única persona en este país que no se a leído esa maravillosa triologia,pero gracias a ti,cuñada,por contarnos tu experiencia con las 50 sombras y darle ese toque de humor,que a mi,personalmente me a sacado una sonrisa 😉

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