ASI SOY YO

PERSEGUIR, ANHELAR, DESEAR, ESCRIBIR…

No hace muchas noches, soñé con mi antiguo colegio. Estaba esperando a que terminase el recreo para recoger a mi hermano. Le tenía que acompañar a alguna parte, no sé a dónde. Tampoco sé qué edad tenía yo en el sueño porque no pude ver mi cara, la tenía borrosa, como si estuviera cubierta de una niebla densa, de una capa de brumosa ambigüedad, pero a él le vi perfectamente, con siete u ocho años, su cara de bichejo y su pelo rubio, casi blanco. Un vecino le llamaba por aquel entonces, “el alemán”. Con aquella edad parecía extranjero, sólo cuando hablaba con ese acento andaluz que tenía al no poder pronunciar la “s”y sustituirla  por una “z”, la gente descubría que no lo era.

El patio estaba igual que cuando estudiábamos EGB. Ahora ha quedado reducido a la mitad porque en una parte han construido un gimnasio, del que carecía desde que transformaron el antiguo en comedor escolar.

La profesora me decía que nuevamente había llegado tarde a recogerle y que esperaba que no volviera a suceder. Cogía a mi hermano de la mano y nos marchábamos. Por el camino íbamos recogiendo unos muñequitos del suelo, pajaritos de fieltro, de distintos colores, algunos hechos con tela de vichy, unos grandes, otros pequeños, con los ojos de lentejuelas, con botones cosidos… Mi hermano se ponía muy contento cada vez que recogía uno y yo lo guardaba en mi bolso.

Me gustaría comprarme un libro sobre la interpretación de los sueños y averiguar el significado de aquél. A veces he soñado que vuelo, a ras del suelo, nunca consigo volar alto y me irrita tener que permanecer pegada a la tierra, sin poder alcanzar las nubes, en ocasiones sueño que encuentro cientos de monedas enterradas en la arena y, a medida que las cojo, van apareciendo más y más, o que hablo con mis abuelos, ya fallecidos, y el sueño es tan real que creo que están vivos, que no estoy soñando. Algunas veces sueño que las personas a las que quiero se van haciendo pequeñas entre mis dedos, hasta que se convierten en una mota de polvo y desaparecen. Esa pesadilla me produce tal angustia que he llegado a despertarme llorando, con tal desasosiego que no me desaparece en varios minutos y me llena de ansiedad.

De pequeña soñaba con un personaje oscuro y con capa, al que no podía ver la cara y que me perseguía por toda la casa. Donde quiera que me escondiese me encontraba. Si yo corría siempre me cogía, a pesar de que él caminaba muy despacio y con dificultad. Por mucho que yo corría, no me movía del sitio. Creo que con diez o doce años dejé de soñar con ese hombre tenebroso que era mi peor pesadilla por aquel entonces y comenzaron aquellas en las que las personas a las que quería desaparecían sin poder evitarlo.

Siempre digo que me compraré ese libro para interpretar las imágenes oníricas y el motivo por el que el cerebro crea unas y no otras, pero nunca lo hago. Sólo cuando me despierto llorando me acuerdo de que tengo que hacerlo, pero lo olvido hasta la siguiente vez…

Todo lo que he escrito hasta ahora es una mezcla de experiencias vividas, de anécdotas que me han contado, de conversaciones mantenidas, de inventiva y una parte importante proviene de sueños que he tenido a lo largo de mi vida, y de mis ensoñaciones, de mis expectativas e ilusiones. La mayoría de los anhelos y deseos que tenemos, de nuestras aspiraciones y de nuestras metas, no se ven cumplidos. Sólo una mínima parte de éstos se hacen realidad. Incluso a veces no realizamos ninguno.

En esta etapa de mi vida tengo un sueño, una ilusión que estoy persiguiendo y deseo que se cumpla con todas mis fuerzas: ser escritora y transmitir lo que he vivido, lo que he sentido, lo que me han contado, lo que he soñado y seguiré soñando, mis ilusiones y desilusiones, mi vida en suma, a quien pueda interesarle.

A mis cuarenta y tantos años, me siento viva y necesito dar a conocer parte de la felicidad que me embarga por sentirme bien conmigo misma. Sólo puedo hacerlo a través de lo único que creo que no hago mal, transmitir con la palabra. Deseo contar todo aquello que creo merece la pena ser contado. Y con este propósito escribo mis historias…

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1 thought on “PERSEGUIR, ANHELAR, DESEAR, ESCRIBIR…”

  1. Enhorabuena Aída, lo has conseguido, has conseguido tu sueño, ya eres escritora, aunque mejor dicho, siempre lo has sido, sólo que ahora ya no le tienes miedo a serlo. Cada vez me impactan más tus relatos, porque me , identifico mucho contigo, aunque yo jamás podría expresarlo tan bien com lo haces tu. sigue sorprendiendonos por favor.

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