RELATO CORTO

ESOS MUNDOS DE YUPI…

NOTA DE LA AUTORA:

Esta entrada la hice acordándome de una amiga. Las metáforas que en ella utilizo encubren una conversación mantenida con ella (cuento con su permiso para la publicación de este relato) y nada tienen que ver con mi persona. Lo único que he hecho es poner en mi boca, haciendo mía su historia, lo que ella me contó. Hago esta advertencia, por si algún lector suspicaz decide encasquetarme el meollo de lo aquí narrado. Porque como un amigo me dijo hace poco, todo lo que escribas van a pensar tus lectores que es experiencia personal, así que si andas con estos remilgos, jamás escribirás nada. Si publicas tu primera novela y a no ser que sea muy fantasiosa, siempre pensarán que es autobiográfica, así que Aída, di que es la segunda. Hecha esta advertencia, querido lector, bienvenido…

Hablaba el otro día con una de mis mejores amigas y a la única que envío mis “creaciones” recién salidas de horno y por fascículos (lo cual la hace partícipe y coprotagonista de mis historias, animándome fervientemente a que la siga dando dosis de intrigante y adictiva lectura). Comenzamos la conversación por whatsapp y, llegando a casa, continué yo enviándole un largo email, para cerrar los temas que nos quedaron pendientes. Al cabo de unas horas me contestó y fue rotunda al respecto. Me gustó, que lo fuera, por otra parte. A veces, necesito de varapalos y rotundidades. Aunque, en esta ocasión, no debimos conectar a un cien por cien, porque ni yo quería que me dijera “adelante” ni creo que ella entendiera lo que yo le estaba contando. Esto es lo que tienen las conversaciones epistolares intensas (más de una vez me ha ocurrido, hablo por experiencia), que los interlocutores no se ven la cara y la ironía, la duda, la contundencia, la rotundidad, no se pilla en la palabra escrita. No hay expresividad, miradas que hablan, posturas que cuentan, titubeos en la voz, carraspeos… Sólo letras que se unen y forman expresiones, no sentimientos, y aunque en muchas ocasiones sí puede revolver el alma (expresión ésta que me dijo ayer un buen amigo), considero que la palabra cara a cara puede revolverla en mucha mayor medida, cuando estamos hablando con el corazón.

Le decía yo a mi amiga, mi madre adoptiva, como yo cariñosamente la llamo (nos llevamos unos cuantos años, pero la siento como si tuviera los míos y no es que yo me sienta vieja sino que ella es de espíritu joven), que ahora me debato en muchos mundos, algo así como si estuviera yo en mis mundos de Yupi. Y en alguno tendré que dejar de aterrizar algún día, pero por el momento, no sé cuál o cuáles dejar de visitar. A día de hoy, ninguna de sus atmósferas me daña porque llevo traje de astronauta, pero algún día tendré que quitármelo y cuando ese día llegue, está claro que podría ahogarme si no he elegido bien dónde quedarme. Pero mi amiga Pilar, insiste en que deje de volar hacia alguno, que no me pasee por tantos. Pero sobre todo teme a uno, al que hace poco he regresado, después de que prácticamente había olvidado las coordenadas de su exacta localización. Pero es que yo soy viajera, me gusta el riesgo y debe ser que ardo en deseos de quemarme, porque todos estos mundos giran alrededor de un sol y aterrizar en ellos entraña riesgos.

Uno de ellos es el planeta Tierra, donde habito desde que nací, hace ya cuarenta y tantos años. Mi mundo se me plantea desde hace ya algún tiempo, hostil. Yo ansío cumplir mis anhelos (no sueños) de viajar, conocer, experimentar y sobre todo crear, esto es escribir, y desde que esto me sucede, mi planeta está contra mí. Me persiguen las ramas de sus árboles, me caen piedras encima, montañas enteras, me hostigan las fieras nocturnas. Pero yo continúo aferrada a mis deseos, a mi terquedad por descubrir y escribir sobre todo aquello que voy descubriendo y no sé si algún día tendré que coger mi nave y partir definitivamente lejos de tanta hostilidad. Espero que no, pero ya le he dicho a mi planeta que estoy dispuesta a todo, que voy a seguir escribiendo.

Otro de ellos es enigmático y misterioso, lo localicé un buen día, o más bien me localizó él, cuando viajaba yo hacia al planeta Tierra, como de costumbre, tras partir como cada día en busca de víveres. Me invitó a descubrirle y lo hice pero después pensó que yo era un visitante incómodo y me largó con excusas. Podría contaminar todo su ecosistema. No tenía yo intención de quitarme el traje espacial, y no entendí tanto miedo, pero partí, muy apesadumbrada porque era un planeta hermoso, que me dio paz y felicidad lo poco que pude explorarle.

Luego, mi viaje prosiguió y la gravedad de otro planeta me apresó, a base de decirme que podría estar bien quedarme un poquito en él, y yo que me acordaba del otro planeta decidí aterrizar. Cuando hacía la maniobra de aterrizaje se me ocurrió decir por el transmisor que ese planeta no parecía estar mal, que ya casi no me acordaba del otro, viendo éste en la distancia, tan verde y tan azul. Y, de pronto, me dijeron por radio que no aterrizara. Y me fui con los ojos como platos. Hace poco recibí un mensaje inequívoco de invitación al aterrizaje, algún día, que ya me llamarían… No sé, tal vez vaya o tal vez no, ahora mismo no sé lo que haría…

Otro planeta que he visitado después de mis infructuosos viajes al resto de planetas que conozco o estoy por conocer, no está mal, pero no me quedaría en él. Parecía un planeta en el que pasar ratos agradables, me dejaba visitarlo y me dejaba partir, sin plantearme nada, sin pedirme que me quedara. Lo vi todo rosa en aquel planeta, hasta el agua, pero después me di cuenta de que no lo es. Tras el rosa estaba lo ocre, lo yermo, no todo es tan hermoso como te lo pintan. Ese planeta está ahí todavía, en mi plan de vuelo, porque no me ha invitado a marcharme. Le espero y probablemente él me espera a mí, pero ahí andamos, con los motores en marcha.

Y mi último planeta es un planeta cibernético, imaginario, literario y musical, con el que me paso a veces horas enteras de grata conversación. Hablamos de música, de literatura, de anhelos, de ilusiones, de proyectos, de sueños truncados. A veces estamos alegres y nos reímos juntos, a veces estamos algo melancólicos y nos contamos cosas de nuestra infancia y juventud. Este planeta ha vivido más que yo y me enseña mucho. Me gusta aprender, pero no sé bien qué es lo que él puede aprender de mí y así se lo digo. Aunque creo que en realidad lo que a ambos nos gusta es esa simple charla. Nos llevamos bien este planeta culto y yo y no quiero dejar de pasar de vez en cuando a visitarle e imagino que él querrá que yo lo siga haciendo.

Mi amiga me dice que deje el planeta misterioso, porque le contaba yo que, como quien no quiere la cosa, hace algún tiempo me invitó de nuevo a visitarle, después de mucho sin saber siquiera si su propio sol le había chamuscado y dejado ya sin vida. Y yo, tonta de mí, acepté el ofrecimiento y ahora me hallo un poco despistada.

Me dice mi amiga que elija cualquier otro planeta, pero no ése, y que no espere su beneplácito si desatiendo su consejo porque este planeta no quiere dejar de estar donde está, que los planetas no son comentas, no se mueven, andan fijos orbitando alrededor de una estrella, y que me quede eso claro, que yo soy una pequeñita nave espacial,  que no soy su estrella. Y me aconseja que siga visitando el planeta intelectual, que busque otros planetas si es menester, pero que evite aquel. Y yo le digo, tranquila, amiga mía, que ya sé que ese planeta jamás dejará su sol aunque se queme un poco a cada órbita que describa, que no me quemaré con él. Que yo ya no no me pierdo en  ningún planeta, en ninguno, ninguno, ninguno…

planetas

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3 thoughts on “ESOS MUNDOS DE YUPI…”

  1. No se al final cual sera el planeta elegido para aterrizar, pero si se que yo elegiria un planeta calido, confortable, amable que me permitiera aterrizar facilitandome la maniobra y poniendo a mi disposicion los medios para proseguir mi siguiente viaje, llenando mis mochilas de viandas y mis cantimploras de agua y dejandome, sabiamente, la eleccion de despegar a otros planetas o quedarme en este para siempre.

  2. Me encantó. Sinceramente, no sé a qué planeta llegaré, ni cómo lo haré, pero espero que el viaje sea ameno, que me permita disfrutar de cada momento y que si me encuentro con turbulencias en el camino, éstas me ayuden a superar cualquier obstáculo que se me presente luego de mi aterrizaje. He tenido una feliz lectura. Espero tener muchas más. Un abrazo.

  3. Pues mientras tu viajas de planeta en planeta, yo aquí subida a la Luna de la que ya tengo casi todo el tramo de escalera construido para el descenso y vuelta a la tierra. Yo te digo que viajes lo que quieras y eso o no hacerlo te trae la felicidad, bien hecho estará. XXX

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