ASI SOY YO

POR QUÉ MI HIJA MAYOR NO SE LLAMA AÍDA

Con más de la mitad de mi vida vivida, (por mucho que viva,  ésta es la cruda realidad: me quedan menos amaneceres por vivir que hojas he arrancado de mi calendario), hace  algún tiempo que caí en la cuenta de que, debido a mi carácter, jamás he hecho (hasta ahora) lo que he querido, sino lo que han querido que hiciera los demás.

Mi padre, abogado “sin papeles”, lector de tomos de legislación por cuestiones  laborales primero y vocacional después,  me quitó mi idea (matizaré después esta rotunda afirmación) de ser maestra, para meterme en la sesera su amor por las leyes. Su hija, que por otra parte le veneraba, tras aprobar COU se fue con unas compañeras de instituto a la Ciudad Universitaria con su carpetilla azul y su instancia para solicitar su ingreso en la universidad, con sus opciones de estudios  por orden de preferencia y escribió “Derecho”en la casilla 1 para agradar a su padre, desoyendo a su corazón y traicionando  su vocación de educadora de mentes sin malear , mientras veía a sus amigas rellenar aquellos huecos en blanco que simbolizaban sus esperanzas, con total libertad y sin coacción e  influencia familiar alguna. Y como la que os está contando sacó excelentes calificaciones en el instituto público (Matrícula de Honor en COU que de poco me sirvió a posteriori), estudió Derecho y no la segunda opción que solicitó que fue Magisterio ni la tercera que fue Periodismo. Son de esas cosas de las que una se arrepiente toda la vida pero… sólo se vive una vez.
Mi segundo gran error fue permanecer ocho largos años al lado de mi primer novio, al que conocí mientras daba yo patadas al aire y gritaba sobre un tatami en el gimnasio, me machacaba entre pesas y sudorosos chavales que se preparaban para las oposiciones de bomberos y policías municipales (aunque yo me encandilé de aquel  karateka bastante cara, encantadora sonrisa y gran palabrería), descartando a un carnicero que curraba en el Corte Inglés de Sol  y que me llevaba en moto a mi casa casi a diario o de un futuro bombero que bebía los vientos por mí y me invitaba a correr con él y los demás aspirantes a funcionarios “apaga incendios” para completar mi “entrenamiento”. Por aquel entonces estaba yo muy bien físicamente, pero no sé por qué, no explotaba mi “potencial” y en vez de disfrutar de la vida, me enamoré como una tonta de un tío que resultó ser un vago redomado que sólo se compadecía de sí mismo y de que su familia le había dejado tirado en un piso desvencijado del barrio de San Fermín. El caso es que esta situación duró la friolera de ocho años tormentosos, como os comentaba, con decenas de  rupturas y reconciliaciones hasta que, un buen día, paseando por la calle Antonio López y en una de nuestras broncas de arder Troya, le dije adiós, echando a andar sin mirar atrás y buscando, al cabo de unos minutos, una cabina de teléfonos (por aquel entonces había muchas) para hablar con mi amiga Sole y llorar desconsoladamente tras aquella enésima ruptura, que finalmente resultó ser la definitiva. Y resultó serlo porque al verme tan mal, mi amiga me invitó a su casa a que llorara sobre su hombro y no moquease sobre el frío auricular de aquella cabina grafiteada y sucia.
Preparaba Sole con unos amigos un viaje a Andorra  y se había reunido con los amigos con los que iba a ir. Yo jamás había esquiado pero me convencieron entre todos para que me apuntara.  Dos semanas más tarde nos fuimos a esquiar y regresé de aquel viaje cogida de la mano de Nicolás, quien hoy es mi marido y el padre de mis hijas.  Apenas unas semanas después me vino a buscar al trabajo mi antiguo novio, con el pelo recién cortado, todo repeinado y apestando a Brummel, con un enorme ramo de rosas en la mano (que nadie ose regalarme flores, no me gustan,  prefiero la viveza de una azalea en tiesto de barro) y la petición de reconciliación. Me echaba de menos, me queria, era la mujer de su vida… Tras una charla con no,no y no, repetitivo y cansino, me preguntó qué tenía aquel chico al que conocía desde apenas un mes que no tuviera él, con quien había compartido ocho años de mi vida. Mi respuesta fue rotunda: ¿Que tiene él que no tengas tú? Que este hombre y no”chico”, como le llamas, me ha hecho reír. Con él he recuperado la sonrisa que me quitaste. Se marchó con malas caras y arrojó a una papelera el ramo de rosas, que yo recogí y repartí entre mis compañeras con una sonrisa de oreja a oreja.
Meses más tarde recibí una llamada suya poniéndome a caldo y llamándome de todo menos bonita. Me comunicó también que estaba saliendo con una tía que hacía el amor  mejor que yo, lo cual no dudé en ningún momento porque jamás me he planteado mi vida sexual como una carrera competitiva entre féminas, ni con curiosidad por saber si para mis parejas he sido la mejor hembra en la cama.  Jamás les he comparado tampoco con otros hombres, porque creo que eso es de muy mal gusto y nada bueno para potenciar el deseo, sino todo lo contrario.
Otro de mis errores ha sido vivir con el sentimiento constante de que doy más de lo que recibo, y no hacer nada para poner remedio a esto que tanto me ha marcado y me ha hecho sufrir durante toda mi vida. Y este sentimiento de volcarme y no recibir y como consecuencia, sentirme menospreciada e ignorada, se ha instalado en mi corazón como resentimiento, lo cual me ha hecho un daño innecesario. En definitiva, me he flagelado continuamente, pensando que el mundo estaba contra mí, amargándome con ese  papel de víctima que he elegido yo libremente. Y lo he hecho hasta el 1 de enero de este año cuando, tras el brindis de rigor después de las doce campanadas en que, además de la promesa de hacer más ejercicio, me juré que quien debía cambiar era yo y no el resto del mundo,  que era más fácil que yo reseteara mi disco duro a que EXIGIERA, haciéndome la víctima, una reciprocidad de trato que no debo exigir a nadie. SOLO YO DEBO EXIGIRME Y RESPETAR MIS CREENCIAS, SER CONSECUENTE CON MIS IDEALES Y PERSEGUIR MIS ILUSIONES Y TAMPOCO PUEDO, A SENSU CONTRARIO, PERMITIR QUE NADIE ME EXIJA LO QUE YO NO ESTOY DISPUESTA A DAR.
Y volviendo al tema de mi padre, al fin pude perdonarme, que no perdonarle a él que me hiciera cambiar de parecer, equivocándome  de medio a medio por no estudiar Magisterio, porque por fin entendí que él no labró lo que hoy es mi presente sino que me lo labré yo solita. Me queda una última cosa por hacer, que reservo para cuando Madrid se vista de primavera, que es visitar el lugar donde reposan sus cenizas y echar un beso al viento y que él simbólicamente lo recoja y darle de nuevo las gracias por creer en mí, por haberme dado siempre ánimos para que escribiera (él lo hacía muy bien) aunque por desgracia no pudiera llegar a leer este blog literario que tanto me llena y en el que tengo volcadas tantas esperanzas.
Y partiendo de otra premisa que es el hecho de que debo ser la única mujer sobre la faz de la tierra que ha renunciado a elegir el nombre de sus hijas y que su padre lo hiciera sin que yo metiese baza, que renunció a siquiera comentar que le hubiera gustado haber puesto de nombre a su primera hija Aída, como su madre y su abuela, que me parece original y precioso, debo contaros,  y con esto termino, que me he reencontrado, como anunciaba en mi ACERCA DE, con el que me presento en este blog, que pienso seguir caminando con el objeto de reconciliarme por entero conmigo misma, y que si bien no puedo rebautizar a mis hijas, si puedo rebautizarme yo (lo haré con una copa de vino, se admiten sugerencias sobre cuál podría encajar en mi personalidad), haciéndome la firme promesa de no apartarme de mis metas, de no verter más lágrimas por lo que no merece la pena, de plantarle cara a la vida con una sonrisa y enseñando mis dientes blancos,  que los tengo muy bonitos y no permitir nunca más que nada ni nadie me la quite de la cara y con la que me despido de todos vosotros, hasta más ver.
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8 thoughts on “POR QUÉ MI HIJA MAYOR NO SE LLAMA AÍDA”

  1. Enhorabuena Aída ,Una vez más , me has emocionado . Que gran cambio desde tu primer relató, ahora derrochas emoción y amor por lo vida. Todos vamos aprendiendo con la edad, y valoramos nuestro pasado , y como tu, debemos hacerlo con cariño y no con rencor. Lo dicho enhorabuena Aída. Y sobre el vino , prueba el ” pago de carraovejas” , que a pesar del nombre , es un poco como tu, suave y sorprendente .

  2. Con este relato logras, como siempre, hacar un repaso en la vida con el sentimiento como protagonista de la historia, sentimiento hacia el padre perdido, el primer amor, el desengaño, el despertar a un amor duradero, las hijas, las ilusiones que no llegaron a realizarse y las que se materializan a diario. Yo querida amiga te veo bebiendo un vino blanco joven, afrutado y frio, te recomendaria un Marina Alta, el aperitivo te parecera una fiesta.

  3. A Almudena y a tu suegra las a gustado mucho tu relato,tu suegra esta dispuesta a seguirte como bloguera la has emocionado ….

    1. Un buen consejo, que estoy empezando a aplicar en mi día a día. Es todo muy complicado. No se puede opinar sobre las motivaciones de nadie, si antes “no te has calzado sus zapatos” (Proverbio chino). Eso intento hacer, aunque a veces cuesta. Un saludo, Juan y espero verte pronto por aquí.

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