ASI SOY YO

EMILIO, MERCEDES, EL CERRO DE LOS ÁNGELES Y PENNY LANE

De todos los profesores que tuve en el instituto lo cierto es que sólo recuerdo a Emilio, mi profesor de latín en 3º y COU. Ya he comentado cómo era físicamente y he dado unas breves pinceladas de la grandeza de su alma (léase UNA CUESTION DE HONOR, la anterior entrada de mi blog). Pocos profesores vivían tanto su asignatura como él. Esa intensidad con la que marcaba las sílabas al leer los textos en latín hacía que te transportases a la antigua Roma, aun cuando no supieras bien lo que decía, que era la mayoría de las veces. Traducíamos despacio lo que Emilio leía en latín, mejor que lo hacía en castellano. Entonaba con el alma, recitaba con el corazón. Emilio pensaba en latín.

En COU, un día que amaneció brillante y soleado como el de hoy, decidió sacar el latín fuera del aula. Días antes nuestros padres habían firmado una autorización para dejarnos salir del instituto e irnos de excursión al Cerro de los Ángeles. A fin de cuentas, en unos meses cada uno de nosotros tomaría caminos diferentes y lo más probable es que no volviéramos a vernos jamás, ni siquiera en uno de sus cruces. La caminata no era pequeña desde el instituto pero éramos jóvenes y, cuando se tienen 17 años, el mundo es una aventura y el Cerro de los Ángeles con mochila y bocata incluidos era el paraíso. Aquella excursión suponía escapar de las aulas, volar, reír, soñar, algunos incluso aprovecharían la libertad que Emilio nos regaló para aprender a besar…

Nuestro profesor se presentó con un radiocassette, una mochila y unas raquetas. Nuestro querido Emilio. Llegamos al Cerro, tras una hora y pico de caminata al lado de las vías del cercanías, saboreando los primeros rayos de sol de primavera. Qué recuerdos. Cuando llegamos nos sentamos sobre las mantas que algunos  habíamos traído y comenzó una clase al aire libre, una clase de convivencia, impartida en castellano. La vida, los amigos, los deseos, lo que cada uno esperaba de la vida. Ninguno se quedó sin hablar. Fue entrañable. Reímos. Sonaron las mañanitas del rey David. Mari Toñi a la guitarra. Hubo lágrimas, se acercaba la recta final del curso. Melancolía. Emilio puso música en su viejo radiocassette. Sonó Penny Lane de los Beatles. Y, en medio de aquel ambiente festivo, de pronto Mercedes, una compañera de cabello corto y ojos azules como el mar, comentó que le encantaba esa canción, que era fan de los Beatles, pero que ese tema en concreto era su preferido. Y entonces sucedió. Los ojos estrábicos de Emilio se encendieron. Cuando Emilio sentía, sus ojos de color negro carbón se transformaban, haciéndose inmensos. Apenas eran visibles a través de sus gafas de gruesos cristales, pero cuando el alma se le desbordaba, se las quitaba, como si al cobrar vida, el fuego que los encendía fuera a derretir el cristal. Durante el resto del día, Emilio nos amenizó con toda la discografía de los Beatles. Para nuestro profesor de latín ya no hubo nada más, sólo Mercedes.

Las semanas siguientes transcurrieron con música de los Beatles como hilo musical en las clases de latín. Penny Lane nos acompañó hasta final de curso. Todos los sabíamos. Mercedes se dejaba querer pero pagaba el precio de ese amor platónico, etéreo y de cuento de hadas, siendo la primera en salir a la pizarra para traducir a los clásicos. Cuando explicaba en clase, Emilio ya no se quedaba en su mesa, se paseaba  nervioso por el aula y, disimuladamente, aunque de todos era conocido su amor por Penny Lane y por nuestra compañera, acababa apoyado en su pupitre. Ella era una alumna de nota, brillante, callada y tímida y no necesitó aprovecharse del candoroso amor de Emilio, como cualquier otra en su lugar hubiera  hecho. Sólo un día comentó Emilio que era extraño que a alguien de nuestra edad le gustaran los Beatles. No era la música con la que crecimos, evidentemente. Con ese comentario, casi pegado a la cara de nuestra compañera, nuestro profesor le confesó su amor, sólo con una sonrisa, una canción y una mirada a alguna parte. Mercedes le dijo que sus padres eran fans de los Beatles y que ella había heredado sus gustos musicales. Fue el de Emilio un amor platónico, endulzado con los éxitos de los Beatles y amenizado con teatro clásico y versos recitados en latín con la entonación que sólo un hombre enamorado podría darles.

Cuando acabó el curso y todos nos dijimos adiós, Emilio lloró. Nos despedimos de él con un apretón de manos y un par de besos en la mejilla. Cuando se despidió de su amor platónico, de aquella adolescente que lo único que dijo aquel día de radiante primavera en el Cerro de los Ángeles fue que Penny Lane era su canción favorita, de los ojos de Emilio brotó la última lágrima. Y, como nos dijo que ocurriría y supongo que  así sucedió, nunca más se escuchó en su aula Penny Lane.

LETRA DE PENNY LANE:

En Penny Lane hay un barbero enseñando las fotografías
De todas las cabezas que ha tenido el gusto de conocer
Y toda la gente que viene y va
Se detiene a saludarse

En la esquina hay un banquero con un coche
Los niños se ríen de él a sus espaldas
Pero el banquero nunca lleva impermeable
Cuando llueve a cántaros, eso es muy raro

Penny Lane está en mis ojos y en mis oídos
Allí, bajo los azules cielos de los barrios de la periferia
Me siento, y volviendo al tema

En Penny Lane hay un bombero con un reloj de arena
Y en su bolsillo lleva una foto de la Reina
Le gusta tener limpio su camión de bomberos
Es una máquina limpia

Penny Lane está en mis ojos y en mis oídos
Un cuarto de pescado y pastel de dedos
En verano, y volviendo al tema

Penny Lane está en mis ojos y en mis oídos
Un cuarto de pescado y pastel de dedos
En verano, y volviendo al tema

Tras la marquesina, en medio de la isleta
La guapa enfermera esta vendiendo amapolas en un
bandeja

Y aunque se siente como si estuviera actuando
No hay duda de que lo está haciendo

En Penny Lane el barbero afeita a otro cliente

Vemos al banquero sentado esperando a que le corten el pelo
Y el bombero entra corriendo
Bajo una lluvia torrencial, eso es muy raro

Penny Lane está en mis ojos y en mis oídos
Allí, bajo los azules cielos de los barrios de la periferia
Me siento, y volviendo al tema
Penny Lane está en mis ojos y en mis oídos
Allí, bajo los azules cielos de los barrios de la periferia
Penny Lane.

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3 thoughts on “EMILIO, MERCEDES, EL CERRO DE LOS ÁNGELES Y PENNY LANE”

  1. Con el paso de los años nuestra memoria se va volviendo selectiva, y en nuestro disco duro cada vez queda menos espacio para malos recuerdos, y sólo se van almacenando los momentos que uno sabe cuando están pasando, que esos momentos jamás se te olvidarán y se te quedarán guardados para siempre. De esos momentos nos alimentamos en horas de bajón , y seguro que tu de esos tienes el disco duro lleno.

  2. Ya se sabe que los amores platonicos son los mas sentidos, posiblemente el amor platonico es el amor eterno, el que nunca languidece con el paso del tiempo y que tampoco envejece pues permanece puro e indemne como el primer dia.

  3. Por cierto, yo si creci con los Beatles y aun me emociona sus canciones que son el recuerdo de mi adolescencia y de mis amores platonicos

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