RELATO CORTO

DESCONEXIÓN

Esta entrada es mi primera ENTRADA “HOT” en mi blog y se la dedico a mis amigas de Twitter, Rvtila, Ágatha, Celia y Gisella. Un placer conoceros y confío en que disfrutaremos juntas de muchos más “momentos twitteros”. Espero que os guste.

 *NOTA DE LA AUTORA: El poema en negrita y cursiva que recita Laura a Diego es de un amigo mío. Gracias por regalármelo.

– ¿Crees en las casualidades?- le pregunto.

– Yo lo llamo destino.

– Así que crees…

– Por una casualidad, estamos tú y yo aquí- me contesta.

– ¿Sabes? Ya no tengo miedo. A estos encuentros, quiero decir- me muerdo el labio. Tiene razón, somos dos casualidades unidas en una nueva, única y efervescente casualidad.

– Me alegro- sonríe.

– Hace unas cuantas semanas, cuando me propusiste estos encuentros me sentí un tanto confusa y recelosa. No me había pasado antes algo así. No soy de ésas que van buscando presas en las redes sociales.

– No lo pongo en duda. Tú eres especial, Laura, especial como cada amanecer. Ninguno es igual a los demás.

– Eres un romántico- sonrío.

– ¿Romántico? Más bien sensible.

– Ambas cosas. Me viene ahora a la cabeza uno de tus primeros correos, cuando ni siquiera sabía tu nombre. Entonces ya me pareciste un romántico soñador. “Atada estás, con madejas de cuerdas/ hechas de palabras./Te quiero atada a las ansias,/ a los deseos, a los atardeceres./ Escuchar con el oído atento,/ con la templanza cierta,/ escuchar con el amor que da la paciencia./ Navegar por tus pliegues/ para descubrir tus gemidos./ Atada estás y me esperas…” *

– Vaya, te lo aprendiste de memoria- parece sorprendido. Sin duda lo está. Creo que es la primera vez que alguien se aprende uno de sus poemas.

– De memoria. Es poesía.

– Quise que lo fuera para ti, un poema incierto, de esos que jamás leyó nadie, de esos que jamás recité a ninguna mujer. Y a ti me expuse, me abrí, me di, y no sé bien por qué motivo. Te entregué quien soy, en unas líneas.

– Lo hiciste- me arranca una sonrisa, tiene una forma peculiar de hacerlo. A poquitos, con suavidad, sin que apenas me dé cuenta de que mi rostro ha adquirido el color y el calor de la felicidad de un breve instante.- Como te comentaba antes, Diego, no soy de esas mujeres que usan las redes sociales para contactar con hombres y vivir aventuras extramatrimoniales. Quiero insistir en ello, quiero que te quede meridianamente claro que esto ha sido mera casualidad.

– Divina “mera casualidad”- añade y siento la dulzura de su caricia en mi rostro.

– Tengo un par de amigas que sí lo hacen. Hasta en LinkedIn han contactado con hombres, con los que después se han citado, aunque lo más normal es que lo hagan a través de Badoo. Las dos tienen perfiles en esas redes sociales y en unas cuantas otras.

– Conozco Badoo, pero no tengo perfil en esa red. Sí lo tengo en LinkedIn, en Twitter y en Facebook pero ésta última únicamente la uso para comunicarme con la familia.

– ¿Tienes otros perfiles en Twitter, además del que posees y por el que te conocí?

– ¿Más perfiles?

– Sí, más perfiles. Hay gente que tienen más de uno, para jugar varios roles en una misma red social.

– ¿Varias vidas?

– ¿Te estás quedando conmigo?- parece de nuevo sorprendido. Imagino que es consciente de que la gente tiene varios perfiles y entre ellos se mueve y juega. Él tiene muchos más conocimientos de redes sociales y de informática que yo. Ayer mismo me habló de “la nube”.

– Jamás osaría. Cambiemos de tema, cariño. Apenas tenemos tiempo. ¿Qué quieres hacer hoy?- me pregunta. Ha comenzado el juego.

– Bailar.

– Pero si anoche ya bailamos. De hecho, nos pasamos toda la noche haciéndolo. Tengo los pies molidos. ¿No te cansas de bailar?

– ¿Contigo? Nunca.

– ¿Y quieres bailar como anoche? ¿Qué música deseas escuchar? ¿La que puse al principio para lograr llevar una sonrisa a tu cara o la de después, aquélla con la que se te encogió el alma y con la que te perdiste en mi boca y yo en la tuya? -me pregunta, aunque estoy convencida que sabe cuál va a ser mi respuesta.

– Aquella en la que ambos alcanzamos el Nirvana. Baila conmigo, cogiéndome por la cintura y yo rodearé tu cuello con mis brazos, como lo hice anoche. Hacía tanto que no bailaba con un hombre… Sentir su aliento en mi cuello, embriagarme con su perfume. Una eternidad.

– ¿Tu marido no te lleva a bailar?- me pregunta.

– Mi marido no me lleva ya a ninguna parte.

– Vaya, si yo tuviera una mujer como tú en mi casa, la llevaría a la luna todas las noches, o mejor, me subiría a una escalera, la cogería para ella e  iluminaría su rostro con su luz.

– La tienes, Diego, estás casado.

–  Laura, mi amor, mi mujer ya no quiere lunas que iluminen su rostro.

– La luna no tiene luz propia. Refleja la luz del sol- sonrío maliciosamente.

– Touché.

– Te he entendido. Trataba de ser un poquito mala. Ya que tú me ganas en otros campos, quise ganarte en astronomía…

– No me cabe duda de que eres una chica lista. ¿Bailas?- me tiende su mano.

– Tengo dos pies izquierdos. Pero claro que sí, ya sabes que me gusta bailar contigo.

– Ya lo noté anoche, lo de tus dos pies izquierdos- -sonríe de nuevo. Tiene una sonrisa encantadora.- Tranquila, mis pies están hechos a prueba de pisotones con tacones de aguja.

– No me cabe duda, te pisé unas cuantas veces ayer.

Suena la música. La que es ya nuestra música. Deseo, como ayer, gozar de una noche interminable. Primero escuchamos “Avalon”, de Roxy Music. Se acerca a mí, sin dejar de sonreír, mostrando sus dientes blancos. Tomo su mano. Él dice que yo poseo una mirada de halcón. No es así, pero no le contradigo. Si él lo quiere creer de ese modo, quién soy yo para llevarle la contraria. Me gusta su voz. Es acariciadora, sensual, erótica, viril, perturbadora. Me gusta todo él, todo él me perturba. Me coge con suavidad de la cintura, damos vueltas y más vueltas. Bailo y me mareo. Siento su aliento en mi cuello. Aparta mi cabello de él y me besa, casi como si me acariciara con una pluma. Ahora suena “Someone like you”, de Adele.

– No… no quiero seguir bailando- le digo de repente.

– ¿Cansada ya?- me pregunta, apartándose de mí. Parece confuso.

– Ayer bailamos durante cerca de dos horas. Me lo he pensado mejor. Basta por hoy, cariño, ahora quiero… La corbata… esa corbata.

– Siempre llevo corbata, mi vida, lo sabes.

–  Me vuelven loca las corbatas. Me vuelven loca tus corbatas. ¿Puedo?- pregunto. Me estoy mordiendo el labio inferior de nuevo. No sé que me da y él siempre me dice que no sabe qué le he dado yo. Algo habrá sido, me digo, porque ambos hemos enloquecido.

– Toda tuya, cariño.

He descubierto que me encantan las corbatas. Hoy lleva una roja. Traje azul marino, camisa azul clara, zapatos  negros, cinturón negro. Gemelos. Está tan atractivo… Yo he acudido a la cita con un vestido de punto negro, ajustado, zapatos negros de tacón interminable a juego con el bolso y ropa interior negra. Medias de rejilla y liguero. Le vuelven loco los ligueros. Me lo confesó la primera vez que hablamos. “No uso otro color de ropa interior. Si alguna vez me regalas un conjunto de lencería, no olvides que tiene que ser negro”, le dije aquel día. “No lo olvidaré.” Le quito la corbata y se la doy.

– Sabes qué hacer con ella, mi amor- le susurro al oído.-Y sabes qué es lo que tú tienes y me puedes dar ahora.

– No me lo pidas- me dice, mientras me anuda la corbata al cuello.- Tómalo. Vamos, hazlo. Me gusta que seas lasciva.

Bajo la cremallera de sus pantalones y los deslizo hasta abajo. Lleva un boxer Calvin Klein de color blanco, con el logotipo de la “casa” en grandes letras negras. Muy sexy. Yo, como siempre para nuestros encuentros, ropa interior de encaje. Le gusta la lencería femenina muy sensual, nada de prendas deportivas. Yo uso lencería deportiva a diario, pero si quedo con él nunca la llevo. Quiero que siempre me descubra como a él le gusta. Es mi casualidad y yo la suya. Mi casualidad me quiere sensual y yo le doy lo que me pide. Despierta en mí un deseo de complacer y ser complacida que se escapa a mi entendimiento y a mi razón. Soy una mujer casada, madura, tengo tres hijos. Uno está estudiando en la facultad, los otros dos cursan bachillerato. Mi marido viaja mucho. Ya no nos amamos. Hace tiempo que no soy apasionada en la cama ni él tampoco. Dejamos de serlo hace ya siglos. Me consta (hace un año lo descubrí), que come fuera de casa, de vez en cuando. A raíz de este descubrimiento, que tampoco me pilló de sorpresa, yo también como fuera, de cuando en vez.  He empezado a comer con Diego, desde hace bien poco y me encanta los menús de los que disfrutamos juntos. Ahora, voy a comer…

– Nena, ¿qué vas a ser hoy para mí?

– ¿Qué quieres que sea? – le pregunto mientras bajo su boxer y libero de su cautiverio aquello que tanto deseo.

– Muy… sigue tú, mi amor. Ya nos vamos conociendo. Si no me das permiso, no puedo hablarte así.

– Muy… lasciva- completo su frase. Le he autorizado para jugar más fuerte.

– Quiero que lo seas para mí, enormemente lujuriosa y lasciva- tiene carta blanca para hacer conmigo lo que desee, siempre la tiene pero siempre pide permiso para empezar. Se lo doy. Sonríe.

– Tuya por siempre.

–         Hazlo- coge la corbata y tira de ella hacia abajo, para que me arrodille. Lo hago. Me encanta hacerlo. Es sublime sentirse así. Deseada. Me desea. Le deseo.

– Mi amor…- le digo.

– Calla y no pares. Así…- alzo la vista, su rostro está congestionado. Me empuja con ambas manos. Intenso. Primitivo. Animal. – sigue, no pares…- pasa un buen rato, la música suena, me siento colmada, sé que se siente muy bien, sus ojos me lo dicen. De pronto, tira de la corbata y me separa. Carraspeo. De un tirón seco me obliga a levantarme. Me besa. Le muerdo la boca. Buscamos nuestras lenguas. – Ahora ven, túmbate en la cama, boca abajo- me pide. Obedezco. Estoy tan expuesta…- Me encanta esta panorámica, así te contemplo tan mía… Pídemelo. Dime lo que deseas.

– Tú sabes bien lo que me gusta.

– Claro que lo sé, mi amor, pero quiero que me lo pidas tú.

–  Quiero… quiero que sientas, que sientas mucho, que sientas un orgasmo infinito.

–  Entonces… te gusta que lo haga.

– Me encanta.

– ¿Te lo hace tu marido?

– Con él no me gusta, sólo contigo- estoy totalmente entregada- ¡Ah! Sí….- Le siento. Vuelve a cogerme por la corbata. Una embestida seca. Grito. Grito de placer. Con mi marido nunca lo hago, con él sí. Con él soy yo.- Me haces daño- imploro clemencia. No tiene piedad conmigo.

– ¡Calla!- me ordena.

– Por favor, no, no…. sí, sí, me gusta…

– Mi voluptuosa y lasciva Laura.

– Me gusta- repito. Tira de la corbata un poco más, me ahoga, me acerca a su boca, me besa. Luego me suelta y me coge del pelo.

– Mía…- me susurra al oído. Siento de nuevo su aliento, ahora en mi nuca. Me embriaga su aroma. A pesar de que estamos totalmente entregados y el sudor perla su piel desnuda, aún huele a hombre recién salido de la ducha.

– Mi amor, mi amor, Diego…

Gime, gimo, gemimos. Sigue tirando de mi cabello, me acaricio, sus jadeos se revuelven con los míos. Serpientes. Es magia. Noche mágica, eterna. Suena “Avalon”, de Roxy Music. La música es ahogada por nuestro placer. Grito. Nuestros orgasmos llegan casi al mismo tiempo. Nunca lo hago con mi marido, jamás grito. Mis gritos los ahogó hace tiempo ya, diciéndome una noche y otra y otra y otra más: ¡Ssssshhhhh, calla, los niños duermen! Con Diego, soy otra mujer. En verdad, con Diego soy yo, realmente yo.

– Laura, mi vida, me matas.

– Ha sido impresionante, como todas las noches. Me lubricas con tus palabras, mi amor. Esto es tan real… Eres mi única realidad ahora.

– Y tú la mía.

– Divina casualidad, Diego. No imagino ya mi vida sin estos momentos de placer.

– Eres una nube, Laura, mi nube. ¿Nos volvemos a ver mañana, a esta misma hora?

– Si tienes tiempo a la hora de comer, podríamos vernos también y tomarnos un café. Sólo un café. La noche es siempre nuestra para esto, pero a mediodía, tan sólo me apetece un café y una agradable charla.

– El tuyo muy caliente, largo de café y en vaso. Con sacarina- añade.

– Y tú sólo y sin azúcar- nos conocemos bien.

– ¿Qué estás haciendo ahora?

– Me muerdo el labio inferior.

–  ¿Y tú?

– Me limpio.

– Qué pena no poder hacerlo yo- soy mala, muy mala, casi perversa.

– Estamos cerca…- es su costumbre recordarme que casi podríamos tocarnos.

– No tanto como yo quisiera- comento, mi voz ya es hueca. Tendré que esperar a que amanezca, a que pasen las horas, a que sea mediodía para tenerle de nuevo, frente a frente, con una humeante taza de café.

– Ni como quisiera yo.

– Hasta mañana, Diego.

– Hasta mañana, Laura.

– Desconexión, ¡piiiiiiii! – escribo.

Cierro la sesión de chat de gmail. Sonrío. Abro Youtube. Busco de nuevo a Spandau Ballet y su “True”. Suena la música y me imagino bailando otra vez con Diego. Llevo bailando y haciendo el amor con él cerca de dos meses. No necesito más, no sé qué aspecto tiene y no tengo ni idea de cuál es su edad. Sólo sé que vive en Madrid, como yo y que trabaja muy cerca de mi oficina. Y eso me basta, por ahora. Hace tiempo que no sonrío tanto y tan a menudo y que no soy tan feliz y eso también me basta, de momento. Creo que pronto me pedirá que quedemos para conocernos. Es muy probable que nos convirtamos en piel dentro de poco. Mientras tanto, seguiremos así, jugando en este mundo paralelo que hemos construido entre los dos. Uno a cada lado de nuestros portátiles, viviendo una historia mucho más real que lo son nuestras propias realidades.

 

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8 comentarios en “DESCONEXIÓN”

  1. A diferencia de la otra entrada que comenté, no voy a decir que estaba a unos pocos metros de ellos porque podrían denunciarme por violación a la intimidad o algo parecido, pero me concentré tanto en el relato que incluso me pareció oír la excelente selección de música que hiciste. “True” es un temazo (no sé si se usa esta expresión en España, en Argentina es muy utilizada para decir que se trata de una gran canción), qué decir de Adele que no se haya dicho ya. Por otro lado, debo admitir que quedé bastante sorprendida con el final, no lo vi venir en ningún momento. Dos escenarios diferentes y unidos, al mismo tiempo, por la conexión (en ambos sentidos) que existe entre ellos…me gustó bastante. Me alegra que hayas escrito esta entrada. De hecho, pienso que el toque “hot” hace a esta historia muy atrapante; agradezco que haya sido empleado sutilmente, ya que en exceso siento que se perdería la magia que lograste reunir con cada palabra, por supuesto que no es más que mi opinión, otro tal vez no lo vea del mismo modo.
    Para terminar, como siempre digo, es un placer visitar este espacio. Te mando un abrazo gigante y te doy mil gracias por la dedicatoria. También espero que sigamos disfrutando de más “momentos twitteros”.

  2. Lo he vivido casi en primera persona. Consigues un relato tan real que las sensaciones “se sienten”.Magia pura y sensualidasd a raudales.Un estilo directo,un lenguaje sencillo lleno de matices que hacen la lectura muy agradable.te engancha desde la primera línea. Y ese final totalmente inesperado.Genial Aída.En cuanto a la música, totalmente de acuerdo con Gisella,auténticos temazos! Mil gracias por tu dedicatoria y espero que esto solo sea el comienzo de muchos y buenos futuros momentos “twiteros”,como tú dices.Un beso a todas y un abrazo grande para ti.

  3. Bajo mi humilde opinión, debo decir que es un relato excelente, no lo esperaba de otro modo. La historia te atrapa y te deja ver que somos débiles ante el pecado y la lujuria. En pocas palabras consigues enganchar y querer terminar con ansías la historia. Cada palabra la entrelazas de tal forma que parece todo tan real, que prácticamente vives el momento de la historia, como si fuera un personaje más. Gracias por la dedicatoria y por su puesto por esta entrada hot. Hay que probar con todos los ámbitos ¿No? Te felicito, y de nuevo, te repito que eres una gran escritora, sé que con el tiempo tendrás mayor reconocimiento, lo mereces. Me encantará seguir leyéndote, es todo un placer. Gracias por cada uno de tus comentarios y palabras, quizás, o sin quererlo, ayudas o alegras el día de alguien a veces perdida por el mundo. Un beso.

  4. Puffffff dime q Diego tambien es el y me tiro x la ventana!!!

    “Con Diego soy yo, realmente yo”

    Y YO!!! Ese sexo que solo puedes deleitar con “esa” persona. Unico, irrepetible, inigualable!!

    Gracias x dedicarmelo!!! Cada vez te siento mas parecida a mi piel!! Dios y sus casualidades!

  5. REAL, se vive parece real, se siente como si fueras protagonista de la historia, ya lo había leído hace tiempo aunque no hice ningún comentario. La selección de música excelente, paro me quedo con Avalon.

    1. Hace poco que inserté Avalon cambiando el tema principal en el relato original. El videoclip originariamente esta entrada era True, de Spandau Ballet, estupendo tema también. Un abrazo, Juan.

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