ASI SOY YO

DE MI CAPA UN SAYO

Ayer mismo, cuando colgaba la entrada “Desconexión” en mi blog, me comentaba una amiga que la había leído previamente a ser publicada, que le encantaba, que la colgara tal y como estaba, que había dado con el punto exacto de erotismo, romanticismo y frescura y que no me reconocía (no supe cómo tomármelo porque tengo que decir que he escrito alguna novela ya que espero que algún día vea la luz y con un alto contenido erótico y yo llamo siempre al pan, pan y al vino, vino y eso lo saben todos aquellos que son amigos y me han leído), por lo que me comentara eso de que, “no me reconocía” me escamó un poco…

Me decía mi amiga que siempre escribo historias que parece que son mías, que las he vivido yo y me preguntaba si no sentía “miedo” a que en mi casa así lo creyeran, con las consiguientes consecuencias para mi vida familiar. Respondí a su pregunta con un largo mail, que no voy aquí a transcribir pero que sí voy a resumir.

Hace tan solo unos meses pedía opinión acerca de todo lo que escribía. La pedía a mis mejores amigas. Siempre. Luego comencé a extender el “círculo de opinión”, a ceder mis libros para su lectura a compañeros de trabajo, maridos de mis amigas y a mis amigos de la playa. Voy a referirme ahora en concreto a mi primera novela. Cada uno de los amigos que la leyó expresó una opinión  bien distinta sobre ésta. Muy diferentes fueron las de los hombres que las de las mujeres y mucho más variopintas las de aquéllos. Ellas coincidían en que si bien mi lenguaje era muy directo (incluso en ocasiones un tanto vulgar) y no estaban acostumbradas a leer este tipo de literatura, ésta era apasionada, sensual y romántica (les invito a leer la dedicatoria de Pilar, una de mis mejores amigas y mi más ferviente seguidora). A todas les gustó y yo me sentí bien. Entre mis lectores masculinos (algunos pasaron de ser amigos a “insinuárseme”, lo cual me sorprendió aunque avisada estaba en casa de que aquello que yo creía improbable era bien posible), sin embargo, hubo discrepancias porque algunos de éstos, al parecer tenían “motivos” para verse reflejados en mis libros. Algunos de ellos habían vivido situaciones límite en sus matrimonios y eran pues, los hombres que se imaginaban a sí mismos “cornudos”. Uno, lo recuerdo perfectamente, criticó con gran dureza mi primera novela, la que escribí cuando me metamorfoseé, (o más bien, volví a ser yo, a encontrarme, perdida como me hallaba por años de autocastración de mi personalidad, consintiendo vivir la vida de los demás y no la mía). En ella, retrataba la “vuelta a la vida de una mujer madura, madre y esposa abnegada, que por un hecho fortuito, de oruga se convierte en mariposa. La mujer protagonista de mi novela, Clara, vive una aventura, muy light por otra parte, con un compañero de trabajo que comienza a fijarse en ella después de más de cinco años compartiendo oficina. A mi protagonista siempre le había resultado un hombre atractivo pero apenas habían intercambiado más de diez frases en todo aquel tiempo y, de pronto, un buen día, él le envía un emoticono sonriente. Y ella reluce… Se empieza a fijar en él, le sigue el rollo a sus correos, cada vez más intensos, y descubre que sigue resultando atractiva y deseable para cualquier hombre (Clara saca seis años a Óscar, lo cual añade morbo al asunto y dosis añadida de autoestima a la protagonista de la historia). Por su parte, Óscar, un hombre inseguro y temeroso de su tóxica esposa, se mete en un berenjenal de tomo y lomo y “echa la caña”, pescando al pececito (nadie que ha leído esta novela me ha podido decir si Clara estuvo siempre dispuesta a ser pescada o si, simplemente, picó el anzuelo porque era su momento…), es feliz durante el tiempo que dura su historia. Ella lo siente, y el lo vive así. De hecho, son muy felices. Durante el tiempo en que se ven a hurtadillas en los archivos de su trabajo, disfrutan de todo un universo paralelo que construyen a base de besos, caricias y poco más (él disfruta, pero mi querida Clara se conforma con hacer disfrutar). Y de pronto, de buenas a primeras, el pescador se rompe y por ende, rompe a mi ingenua y renacida Clara, con alma dormida de loba hambrienta (siempre lo fue, algo comedora de hombres). Pues, como les decía, todas mis amigas que leyeron la historia de la “no sé qué ha pasado aquí, estoy descolocada” Clara, me comentaban que él era un hombre inseguro, que no sabía bien lo que quería (tal vez escapar pero como hombre tiene mucho que perder, es padre) y que, cuando uno no sabe, no debe empezar nada, porque puede pescar un pececito, como le sucedió a Óscar y romperse él y romper a otra persona. Es decir, que de dos vidas anodinas e inmersas en la rutina y por un capricho sin duda pasajero, se pueden romper dos personas e, incluso, dos familias. Me decían que Clara era una “víctima” pero yo no quise hacer a Clara víctima, quise hacer víctima a Óscar (víctima de su celosa mujer y de él mismo, de sus inseguridades y miedos) y por lo visto, me salió el tiro por la culata.

Y como les comentaba, llegó la peor crítica de todas: El marido de una amiga me escribe un largo mail para comentarme qué le ha parecido mi novela: Clara es una robamaridos, una puta y Óscar, el “pobre” Óscar, es un marido que ama a su mujer y que quiere luchar por su matrimonio. Y yo, descolocada y confusa, me planteo, ¿leyó mi novela o leyó otra bien distinta? Más tarde descubrí que se sentía identificado con uno de los personajes secundarios de la novela: el marido de la amiga de la protagonista, que en paralelo a Clara, vive una historia de amor (no de lujuria y deseo como viven Clara y Óscar, porque ellos nunca pronunciaron la palabra AMOR) con un antiguo compañero de oficina que, de buenas a primeras le declara el suyo, un amor que ha vivido en silencio por ella desde hace más de quince años, leáse, platónico y sin piel. La piel vendría después. Y la amiga de Clara se obnubila y se rompe también. Y llora y sufre y se descoloca y se marchita. Tiempo después de esta crítica, y acabadas las otras dos partes de las que se compone esta trilogía (sí, a esta novela le siguieron dos más), he seguido preguntando y pidiendo opinión sobre mis historias.

Hoy, puedo decir bien alto que ya he dejado de hacerlo. Ha ocurrido de repente, con la llegada de esta hermosa primavera que, como todos los años, me está matando por culpa de mi alergia. Y no sé si esto ha sucedido  porque mi sangre se ha visto alterada por este cambio estacional o porque, y sin yo misma ser consciente de este hecho, empecé a cambiar con el salto desde el trampolín de dos metros que supuso mi entrada EL FUNAMBULISTA, en la que la protagonista  se acaba suicidando (y no por amor, dejemos las cosas claras). Ayer, mientras acababa de escribir el relato “DESCONEXIÓN”, lo colgué, recién salido de la olla a presión en que se ha convertido mi cabeza, yendo un poco más allá y saltando desde el trampolín de cuatro metros y haciendo doble salto mortal hacia adelante y entrando limpiamente en el agua.

Me ha costado un gran esfuerzo medir todas y cada una de mis palabras a la hora de escribir este relato corto porque, como decía al principio de esta entrada, suelo escribir como siento y como siento es llamando al blanco, blanco y al negro, negro. En mi vida, grises, sólo lo son algunos días. Y cuando describo un encuentro sexual entre dos personas, no me ando con rodeos ni con tapujos. Tampoco lo hago cuando escribo un email a un/a amigo/a. Aquéllos a quienes llamo así y así me consideran, lo saben muy bien.

Por ese motivo contesté a mi amiga de este modo: “Quien no quiera, que no me lea, quien quiera creer que he vivido lo que escribo, que lo crea, quien se vea reflejado en mis relatos, que se vea, quien piense que soy una mujer infiel, que lo piense, quien me tache de libertina, que lo haga.

Porque soy consciente de que me expongo al publicar mis relatos y al exponerme autorizo, en parte (quién sea libre de pecado, que tire la primera piedra) a ser vilipendiada. Hace poco, recibí una dura crítica por EL FUNAMBULISTA y la colgué, sin dudar (decidí al iniciar esta aventura no usar la papelera) no me sentí mal por la crítica en sí, dado que la esperaba (ésta y las muchas que estarán por llegar) sino por la comparación con una escritora de la que jamás he leído nada.

En DESCONEXION hablo de una historia sobre la que mi amiga Ana me decía, “¿y si alguien cree que eres tú y uno de los tantos amigos twitteros a quienes sigues y te siguen? ¿No te da palo? ¿No crees que la gente puede pensar que…? O incluso, Aidi, sus mujeres…” Mi buena amiga Anita es siempre mi “Pepito Grillo”, la conciencia del peligro de la que yo carezco, acostumbrada como me estoy acostumbrando a tirarme de trampolines bien altos y sin saber si la piscina tiene agua o está vacía. “Anita, yo escribo para mí, lo escrito nace de mi cabeza y por primera vez en mi vida soy libre como el viento (que no se puede coger), como el agua (que tampoco se puede retener entre los dedos) y que cada cual piense lo que le venga en gana porque yo no he colgado esta entrada para que nadie vea a su marido en mi cama. Si lo hacen, si así piensan, tienen todo el derecho a no leerme más, a patalear y enfurruñarse, pero yo no puedo ir puerta por puerta dando explicaciones, porque ni yo misma las encuentro ni me las pido sobre cada cosa que hago en mi vida (he hecho últimamente verdaderas locuras y excentricidades). Ya tengo unos cuantos años como para tener que estar convenciendo a nadie y bastante tengo ya con haberme convencido a mí misma de que, de una vez por todas, quiero ser yo, necesito ser yo y tengo todo el derecho a ser yo.”

Y concluyo con esta frase:

“Las redes sociales, un mundo fascinante, en el que se pueden encontrar amigos incluso más reales que en el mundo de carne y piel. Las redes sociales, divino tesoro…”

 

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2 thoughts on “DE MI CAPA UN SAYO”

  1. Desconcertante, al menos para mí. Creo que te sientes libre al escribir pero al mismo tiempo tienes miedo a tus lectores, a cómo te interpreten aunque expreses lo contario, de todas formas es torrente de emociones que me han obligado a releerlo.
    Además no sabía que tuvieras otras novelas publicadas.

    1. Publicadas, no. Escritas. Aunque puedes leer AMOR DEBERIA ESCRIBIRSE CON H, mi cuarta novela, en este blog. ¿Miedo a los lectores? No. Aunque date cuenta que esta entrada fue escrita hace ahora un año. Mi vida ha cambiado mucho desde entonces. He madurado como persona y como escritora. He madurado mucho aunque todavía tienes delante a una pura contradicción que va abriéndose camino hacia la serenidad y el equilibrio, aun sin perder esa escritura impulsiva que me caracteriza y que tanta satisfacción me está dando de un tiempo a esta parte. Gracias por leerme y seguirme. Un abrazo.

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