POESÍA

LOS POEMAS QUE LAURA ESCRIBE A DIEGO-1

Yo tampoco sé cuándo crucé las lineas rojas
ni cuándo el crujir de las hojas llevaron
mi caminar errático hacía tí.
Tampoco importa ya en qué momento
el deseo pudo más y rompió mi maldición de abrir puertas
cuando quedaban ventanas que cerrar en mi castillo.
Mi corazón, cansado ya de ir en pos de tormentas,
cansado de recibir vientos de cara,
necesitaba la calidez de una caricia
y la he hallado en el calor del cristal
y en la transparencia de un ser de agua.
Ahora sólo descubro mi calma en tu mirada,
tan solo aplaco mi sed con tus palabras,
tan solo mi río se llena con el goce de tu cuerpo.
Ahora solo vive en mí un pensamiento:
hacerte verbo, acariciar tus besos con mi saliva
y proteger mi corazón sombrío
con el abrazo de esa promesa que susurraste.
Entre la nieve que arde bajo mis pies,
se tambalean mis miedos
abriendo paso a las ganas
de librar contigo una batalla.
Era de esperar, amante mío,
que los muros de piedra cayeran
con tu voz y con tus ganas.
La mía tiembla al sentirte tan lejanamente cerca
y tus ausencias, cada vez más prolongadas,
se deleitan en herir mi corazón encendido.
El tuyo arde, lo presiento,
pero libras otras batallas que no son mías.
Mis espadas no pueden ahora ayudarte
y solo me queda esperar a que tus lanzas no hierren
y se alíen conmigo para devolverte a mi meseta.
Que la suerte haga que mi espera sea de un segundo
y aun ese segundo se me hace ya eterno.
Cuando regreses victorioso de tu guerra
y los dragones de la oscuridad hayan sido vencidos,
cuando vuelvas a mí, ya sin coraza,
desnudo, despojado de miedos y de dudas,
quiero sentir  tu espada clavándose en mi cuerpo,
y el goce infinito de ver cómo mi carne se desgarra
y tú gritas en llamas y casi agonizas.
Obligada espera para vivir una lucha interminable
de minutos licuados, de pieles enredadas,
de momentos en que tu batalla y la mía sean una,
en que tu campo y mi trigo huelan a sol de primavera,
en que veamos juntos salir el arco iris,
yo en el crepitar de tu mirada
y tú en el aleteo de mi corazón reconstruido.
Ya encontré un dueño al que rendir pleitesía
y poco importan los momentos ni los tiempos.
Pasarán sin dudas, mi dueño, pasarán.
Tú lo sabes, ya no hay miedos
ni siquiera a un nuevo desengaño.
Si alguna vez hubo una mácula de incertidumbre,
 mi fuego la aplacó,
si alguna vez la tuve,
la soga que pusiste en mi cuello
me sirvió de cura.
Me tienes, entregada, diluida
y encendida entre tus brazos
y te tengo hecho mar, hecho saliva, hecho caricia.
Tus ojos acaricio ahora, mi amante,
con la pluma de mis labios.
El fuego de mi beso te quema,
la llama de tu boca evapora mis páginas en blanco.
Entregada a tí estoy,
entrégate mi dueño, hazlo ahora.
Mil gracias te doy
y con mil brumas te espero.
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