CARTA

CARTA DE LAURA A DIEGO- 2

¿Cuándo comenzó todo? Ya no lo recuerdo y tampoco importa cuándo, ni cómo, ni por qué… Importamos TÚ Y YO. El mundo se me quedó pequeño cuando te conocí. Es extraño, Diego, pero ahora que por fin nos hemos hecho piel, ahora que te tengo y me tienes, que estoy enganchada a ti y tú a mí, ahora… ya no eres Diego, eres mi vida. Suena romántico, lo sé y yo no soy romántica. De hecho, ambos nos conocemos bien y sabemos que el romántico en esta pareja que se formó de un modo tan “particular”, eres tú.

Cuando me escribes o me llamas por teléfono (ójala pudiéramos vernos más a menudo, pero sé que es imposible por ahora), siento tu calor traspasar mi corazón sutilmente en ocasiones y haciéndome ascuas en otras. Cuando esto último sucede, te sé mío y tú sabes que soy tuya… (¿Ahora estoy siendo romántica? Cuánto me has cambiado, Diego.)

Aquel día en que te miré a los ojos y descubrí en ti amor, me asusté. Alborotaste mi mundo, mis esquemas, mi modo de vida, mis rutinas… Tuve miedo, mucho. Y por un momento, al descubrir aquellos ojos que eran míos, pensé en escapar. Porque tú sabes bien que el ser humano tiene miedo a  los cambios y yo soy humana y por mucho que te empeñes en decir que soy maravillosa y valiente, yo sé que entonces no era cierto. No lo era hasta que, de pronto, lo comprendí todo. Somos esclavos de las rutinas y como el animal salvaje que lleva mucho tiempo encerrado en su jaula del zoológico; si nos abren la puerta, no sabemos qué hacer y finalmente optamos por la comodidad de nuestro “heno.”

Pero tú has abierto mi puerta de par en par. La abriste aquel día y con aquella mirada. Fue tan evidente, tan clara, tan transparente: AMOR. Temblé como una hoja cuando lo vi en tus ojos. Estabas pegado a la ventana, contemplando el arco iris, cuando me llamaste: “Laura, ven a verlo.” Hasta se me cayó el móvil de la mano de lo nerviosa que me puse. Y después de unos días, tuve aquella conversación con mis amigas. Comprendí entonces que ya había renunciado al amor una vez, hace ya muchos años porque fui cobarde. Mientras mis amigas hablaban de sus maridos y  de sus amantes, recibí tu whatsapp. Y en aquel preciso instante, lo vi todo tan claro…

Quiero estar, Diego. Lo quiero y mil veces lo quiero. Quiero ser y quiero serte. Porque tú me has hecho que no tenga miedo y que vuele hacia mi arco iris. El próximo día que tengamos ocasión de estar de nuevo juntos, verás esa mirada en mis ojos. Ambos lo sabemos. Era inevitable… Gracias por estar.

Tuya,

Laura.

arco iris 3

 

 

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