RELATO CORTO

TAN LEJOS, TAN CERCA

Madrid había amanecido soleado. Un sol adornado con una aureola de un naranja intenso, que invitaba a cubrirse de sus rayos de vida. El tiempo en la capital era siempre así: no existía primavera ni otoño y éste, alocado como los habitantes que la poblaban, se saltaba estaciones, como se incumplen promesas, se malgastan fuerzas construyendo imposibles y se olvidan detalles. Pues el tiempo en Madrid, se había humanizado o más bien, deshumanizado, como sus mismas gentes. Y, caprichoso, construía radiantes amaneceres que se tornaban en brumosas tardes en un abrir y cerrar los ojos, tal y como sucede, con la vida misma.

Bryan Adams sonaba en Spotify, mientras él escribía un mail. Por la ventana el sol lo llamaba, pero él no paraba de teclear su portátil sin prestar atención a los rayos que cubrían la mesa, los papeles, el teclado y el cristal del marco en el que ella parecía mirarlo con ternura. Apenas quedaba una semana para que regresara, pero sabía que  las horas que restaban para volver a verla, se le harían siglos. Al lado del ordenador, la última fotografía que le hizo antes de su partida. A más de seis mil kilómetros de distancia y, sin embargo, más cerca y unida a él que ningún otro ser humano se hubiera hallado jamás… Unida por un lazo mágico: el amor. Él, ahora lo sabía, nunca había amado a ninguna mujer, a pesar de haber estado casado, tenido hijos y metido en su cama a muchas otras mujeres después de su divorcio. Lo supo poco después de conocerla y tras experimentar un cambio radical en su agrio carácter. Era un hombre duro, ajada su alma más por lo vivido que por el propio paso del tiempo, por otro lado inevitable. No era su rostro el que lo evidenciaba, sino su corazón endurecido tras convencerse de que jamás sentiría ya nada por nadie. Después de muchas decepciones, de muchas cargas sobre sus amplios hombros, se sintió vulnerable. Conocerla, amarla, desearla y poder llegar a perderla algún día… Había nacido, ahora también lo sabía, para vivir a su lado. Sólo pensaba en ella, en cómo estaría, tan lejos y en peligro continuo. Deseaba tenerla, cobijarla entre sus brazos y que no se volviera a marchar. Se tenían durante tan poco tiempo… Cuando escribía aquel mail y le contaba todo lo que quería vivir con ella, todos los viajes que deseaba hacer, las sesiones de manta y película en el sofá que quería disfrutar a su lado, las canciones que quería que escuchasen juntos, los museos que visitarían y los paseos que iban a dar cogidos de la mano, todo su mundo desaparecía, y regresaba a aquella habitación de hotel en la que se encontraban una vez al mes durante apenas cuatro horas. Se amaban, vivían intensamente y después, ella partía hacia un destino peligroso e incierto. Pasear por Madrid rodeados de gente pero sin ver a nadie alrededor, solo viéndola a ella, era lo que desearía estar haciendo en aquel momento. Miró entonces por la ventana y descubrió al fin el sol radiante con que Madrid había amanecido aquel 20 de diciembre, último fin de semana antes de Navidad. El mismo sol que ella vería, con horas de diferencia. ¿Serían así de luminosos los rayos que bañarían su cabello esa mañana?

Sus ojos verdes y esa mirada sincera, lograban arrancarle una sonrisa a su rostro, cansado por una espera cada vez más pesada. Pues, con el paso del tiempo, aquella mujer se había ido metiendo más y más en su corazón y en su cabeza. La  necesitaba, como se necesita el aire para respirar. Hacía dos meses que no se veían. Un contratiempo la había impedido viajar hasta Madrid el mes pasado. Dos meses sin su olor, su risa, sus historias y andanzas, eran demasiado tiempo. Por eso la estaba escribiendo. No quería que se preocupara por él, tan solo deseaba que ella lo sintiera cerca. Dio a enviar y esperó, matando el tiempo navegando por Twitter. Al cabo de unos minutos,  recibió un DM.

TE QUIERO. NO IMAGINAS CUÁNTO.

Comenzaron a hablar, al calor de aquella cálida mañana, descubriendo él que también brillaba el sol donde ella se encontraba. Y de nuevo sonrió, convencido de que, al otro lado del mundo, ella también lo estaba haciendo…

sol radiante

 

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3 thoughts on “TAN LEJOS, TAN CERCA”

  1. Bella historia de amor, de esperanza y de anhelos. Se repiten historias anteriores de frustraciones antes de encontrar el amor.

    1. El amor es esperanza. Aun en la distancia, e incluso con miles d kms., es un sentimiento que crece. Es lo maravilloso de éste. Perdura aun en las adversidades, frente a tiempo y espacio. Gracias por leerme. Un abrazo.

  2. “Pasear por Madrid rodeados de gente pero sin ver a nadie alrededor, solo viéndola a ella…”

    Esa frase es lo que describe, para mi, el intenso amor que él siente por ella. Porque de eso se trata. Cuando una persona siente amor en mayúsculas por otra, todo lo que le rodea se hace invisible a sus ojos aun estando porque es sustituido por la persona amada. No en el sentido de propiedad sino de necesidad. Necesidad en emplear su tiempo con todos los sentidos en amarla.
    Srta Aida, su relato es muy emotivo, se vive en primera persona. Gracias!!
    Un saludo.

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