RELATO CORTO

HERMANA TIERRA

-Hubo un tiempo en que el ser humano tan solo corría para alejarse de los peligros del bosque o para cazar. Fuera de esos momentos, nuestros antepasados caminaban. Comenzaban su andadura gateando y pegando casi su cara a nuestra hermana tierra. Así, aprendían no solo a gatear para después caminar, primero con paso inseguro y después con firmeza, sino que aprendían también a conocer con los cinco sentidos las maravillas que esta ofrece por el solo hecho de estar conectado a ella. Nuestra hermana sabia, generosa y justa- comentó el sabio más anciano de la tribu, mientras miraba el cielo estrellado.

El venerable anciano miró a los jóvenes que se hallaban sentados en torno a una hoguera, escuchando atentamente las palabras de aquel sabio arrugado y enjuto quien, con gesto amable parecía deleitarse contemplando las miles de estrellas que regaban aquel hermoso cielo.

– Hemos olvidado caminar y ahora pretendemos hacer el camino corriendo, cuando nuestros ancestros sabían que la naturaleza dotó de velocidad al ciervo y no al hombre. Pues al hombre le regaló sabiduría e inteligencia para así poder obrar conforme a los dictados de ambas. Correr no es lo que debe hacerse para saborear el camino, para contemplar el vuelo del águila que nos muestra el lugar donde abundan las aves, para descubrir entre la espesura del bosque el rastro del oso que nos dirigirá al panal y a su deliciosa miel o para pescar salmones en el río. Pues de todos es sabido que si corremos, el salmón nadará deprisa y no podremos pescar ninguno. Tampoco es necesario hablar alto ni gritar, pues con el silencio es cuando mejor se escucha hablar a nuestra madre. Porque ella habla, con el aullido del lobo y con el susurro del viento entre las hojas. Ahora, mientras estamos alrededor de esta hoguera, la madre tierra habla mientras nos maravillamos viendo las formas de las estrellas que pintan su manto con mil luces. Y habla con el sonido del río, con el crepitar de este fuego. Si corréis os perderéis lo que quiere mostraros, si gritáis desaprovecharéis sus sabias palabras al no oírlas. Pero ella habla si camináis, habla si escucháis y habla si oléis o si tocáis. Contemplad. Escuchad…

El anciano permaneció en silencio unos minutos. La llama de la hoguera en su crepitar, dibujaba el bosque con rojos, naranjas y azules. El hermano lobo aulló y las hojas de los árboles se mecieron por el suave viento. Un muchacho pegó la oreja al suelo y el anciano sonrió.

– ¿Oyes algo?

– Me pareció que las hojas me querían hablar…

– ¿Sabes, muchacho? Ya no corres pero aún no caminas. Vuelves a gatear y eso, es un comienzo.

LOBO

 

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