RELATO CORTO

NO ABRAS LOS OJOS

Cigarrillo en la boca, una calada profunda y comienzo a pensar mejor. Algunas personas necesitan silencio, otras ponen la televisión, otras se tumban en la cama y miran el techo buscando en las sombras que la luz de la lámpara forma en él, la llegada del pensamiento, el recuerdo, la idea, el clic… Yo fumo. Y tomo café. Y cojo mi bic y mi libreta de papel. Y escucho música. Ahora oigo un tema de esos que flipas. En colores. Hablando de colores…, ¿siempre he soñado en color? Me planteo esto ahora mismo, mientras escucho a Ariana Grande cantado Boys like you. Tengo la cancioncita metida en la cabeza como si me la hubieran grabado a fuego. Sí, sueño en color. Sonrío al descubrirlo pues ayer soñé con la imagen que tengo de su cuerpo y con la ropa que podía llevar. Un vestido negro ajustado y con escote en V, una chaqueta corta blanca y zapatos de tacón interminable. Cabello negro como el azabache, ojos azules, rasgos finos, mirada intensa. Una diosa a todo color.

Doy otra calada a mi cigarrillo y trato de recordar todos y cada uno de los detalles de esta noche. Están frescos en mi memoria así que este y no otro, es el mejor momento para atesorarlos en mi libreta. No tengo sueño pero, por si este viniera sin avisar, dejo el pitillo en el cenicero y bebo un sorbo de café. Humeante e intenso, como a mí me gusta. Cojo el bic y mi cuaderno y comienzo a anotar:

“No la he oído llegar llegar. Me ha abordado por detrás, me ha tapado los ojos con las manos y me ha soplado en el cuello. Mi cuerpo ha reaccionado. Carne de gallina y deseo. Hacía tiempo que no recordaba esa sensación. Su aliento cerca de mi oído, en el cuello, embriagándome del olor que desprende su boca. Menta. Hola, susurra… Un hola denso, cálido, con aroma a mujer. El deseo se intensifica. Sabe dosificar las sensaciones que experimento, como si me midiera. Vuelve el aroma a menta, vuelve su aliento en mi cuello, comienza a quemar.

Lo quiero ahora y lo quiero ya, no abras los ojos, déjate llevar…, me dice. Obedezco. Oigo sus tacones. Deposita un beso en mis párpados. No abriría los ojos aunque no me hubiera pedido que no lo hiciera pues se está bien así. Un beso en mis labios, entreabro la boca, siento su lengua. Busca cada rincón de ella y saboreo su aliento mentolado. Me dejo llevar. No, no voy a abrir los ojos, me lo ha pedido y se está tan bien… Tócame, no mires, solo siente, me dice. Al cabo de un par de minutos estoy en la cama. He llegado aquí de su mano, ciego, deseándola, intensamente, dolorosamente. Fuego en mi interior. Presiento que ella también arde. Deseo morirme dentro de su alma. No quiero salir. Es tal la calidez de su piel, de su voz, de su interior…

Hacía mucho que no moría así, ardiendo.

En todo el tiempo que ha durado esta dulce muerte, no he podido verla. NO ABRAS LOS OJOS. He obedecido. Ha sido placentero hacerlo, por otro lado. No necesito la vista para amar, para sentir, para gozar, para vivo, para morir… Dentro de ella se estaba tan bien…

No te muevas, solo dime adiós cuando yo me despida de ti. Solo eso. Y así he hecho. Adiós ¿Deseo que vuelva a suceder?, me pregunto. Y por eso estoy aquí, escribiendo en mi libreta, dando la última calada a mi cigarrillo, el último sorbo a mi café y escuchando a Robin Willians y su Candy. Curiosa música para los pensamientos que plasmo en la libreta, pero es lo que toca escuchar ya que tengo puesta Cadena 100 y el locutor ha decidido que sea esta canción y no otra, la que acompañe a mis pensamientos mientras escribo, aún con su suave perfume y el olor a menta que desprendía su aliento, envolviendo el dormitorio.

Sonrío al recordar lo último que ha sucedido en él. No he oído ese adiós, aunque yo se lo he dicho a ella pues he pensado que lo que he escuchado era una despedida sin palabras. Pero en realidad no era eso, no. Y por eso estoy sonriendo. Me alegra haber escuchado solo el sonido de sus tacones anunciándome que se marchaba, la puerta del dormitorio abrirse y cerrarse y aún más lejana, la de la casa abrirse y cerrarse también. No ha dicho adiós y yo no debería haber contestado con un adiós cuando he oído que se marchaba. Pero lo he hecho porque estoy feliz pues sé que volveremos a vernos. Y lo sé porque cuando estaba dentro de ella, ella estaba muy, muy dentro de mí. Tan dentro y tan profundamente metida en mi interior que sé que no se va a ir jamás y que volveremos a encontrarnos.”

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