RELATO CORTO

DONDE EL RÍO ME LLEVE

Me preguntaba qué había en mí, que era lo realmente increíble, importante o interesante de mi persona. Me decía una voz interior que tal vez era la magia de ser transparente, esa misma magia que me había hecho tanto daño en el pasado. Y, sin embargo, ahora sonreía. Confiaba en sus palabras y en que, en verdad, debía creer en mí para avanzar, debía creer en esa magia, en esa mujer increíble y maravillosa que había renacido.

No sabía bien cuánto duraría esa sonrisa, pues me sentía aún muy insegura, vulnerable y un tanto perdida. Solo yo sabía y no sabía a la vez, paradójicamente, por qué motivo en ocasiones imaginaba que podía alzar el vuelo y en otras, volvía a caer. Quizás era que los zapatos de mi nueva vida aún tenían que ser adaptados para que encajaran a la perfección. Caminar y domarlos, caminar y sonreír, caminar y ser.

De ese modo, poco a poco y con gran esfuerzo por mi parte y gracias a la ayuda y comprensión de quien siempre creyó en mí, caminaba al fin. Sabía que tenía paracaídas y también bote salvavidas en medio del río por si me cansaba de nadar y necesitaba un respiro; tenía también una colchoneta por si decidía dar saltos circenses y zigzagueaba en el aire la virtual fusta azuzándome para que reaccionara. Todo existía, era real.

Sin embargo, cuando algo me impedía ver la próxima curva del río por el que navegaba desde hacía meses, regresaban los fantasmas. Por eso continuamente le pedía que siguiera ahí. Incluso rezaba y eso que yo no sé si creo o no. A veces hablo con mi padre o con mi abuelo que se fueron ya y les cuento cómo me siento, les pido ayuda o me desahogo, sin más, pero creer, como lo hacen los creyentes, no lo hago en realidad. Desde hacía tiempo rezaba a mi peculiar modo para que él siguiera a mi lado por siempre. Era promesa, me decía continuamente. Yo lo sabía pero cuando, como aquella noche, me llegó un wasap de mi ex marido diciéndome que si podía hacer determinadas cosas, también podía vivir con menos recursos, mi cabeza se puso a pensar, a dar vueltas, llegó la terrible migraña y, aunque aparenté sonreír, volví a llorar por dentro.

¿Tantos proyectos tenían que ser aparcados? El más importante, el de sonreír, ¿debía también dejarlo para un futuro? ¿Tanto odio había para que mi sonrisa fuera dolorosa para aquella persona que era ya mi pasado? Yo había aprendido a base de mil palabras de consuelo y mil rotundidades marciales sobre mi propia valía como persona y como mujer, a que el presente era lo único importante. ¿Proyectos? Ahí seguirían aunque ahora debía solucionar lo inmediato para seguir sonriendo.

Así que pregunté de nuevo a pesar de que sabía su respuesta: ¿Siempre estarás? Y la respuesta fue la misma: ¡Siempre! Es promesa. Tras aquella respuesta, sonreí de nuevo y contesté al wasap: “No me das miedo, no vas a asustarme más, no vas a conseguir nada de mí con amenazas. Me lleva el río y el río me dice “sigue adelante”. Me llamó loca e insensata al leer mis palabras pero me importó poco leer las suyas. Estaba acostumbrada. Así que seguiré nadando y si me canso, cogeré mi barca, cuando lo desee continuaré el camino volando y si decido regresar a tierra, mi paracaídas me dejará suavemente en el suelo. Seguiré sonriendo y me devolverán una sonrisa de esperanza. Seguiré adelante, donde el río me lleve… Es promesa.

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4 thoughts on “DONDE EL RÍO ME LLEVE”

  1. Me identifico completamente con la primera parte de tu relato, pues eso es la vida misma, esperanzas, dudas, miedos, confianza y fe en los nuestros muchos de los cuales ya no están y quizás por eso se les añora más y creemos en el mas a allá para poder tenerlos cerca.
    Los hechos de la segunda parte no los conozco, solo puedo decirte que seguro que tu barca está hecha de madera robusta y que resistirá todos los avatares del rio y que te llevara a buen puerto.
    Un abrazo.

  2. Son los miedos y temores a la incertidumbre del futuro, a la falta de confianza en nosotros mismos que en muchas ocasiones nos impiden avanzar en la vida emprendiendo nuevos proyectos, o simplemente modificando aquello que ya no funciona. Confiar en nosotros y en tener la convicción que siempre existe una solución para todo lo que se nos pueda pantear, nos hace crecer y progresar; continuar nuestra senda hacía el destino deseado.
    Una reflexión muy positiva, por que la vida fluye como los ríos, y hemos de ser como el agua.

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