ASI SOY YO

DAR CATORCE VUELTAS AL CAFÉ CON LA CUCHARILLA

La esencia de las personas la forma un cúmulo de pequeños detalles. No hablo de carácter en sí mismo sino de esas cosas que para muchos pasan desapercibidas pero que, para la gente que nos quiere y aprecia, son el motivo por el que, precisamente nos encuentran especiales.

Puede ser el modo de pelar una manzana (comentario del desvelado de Seatle –Tom Hanks– en la maravillosa comedia “Algo para recordar” acerca de cómo su fallecida esposa lo hacía), la sensual manera de indicar deseo de Anastasia en “Cincuenta sombras de Grey”, mordiéndose instintivamente el labio inferior, la delicadeza en untar una tostada, cómo comerse un yogur usando la cuchara de una determinada forma, el sonido de la risa, un pequeño tic, una palabra que se pronuncia con un soniquete peculiar… Son precisamente esas cosas pequeñas que alguien observa en la otra persona y le parecen mágicas, las que nos hacen únicos. Para nosotros mismos también pueden pasar desapercibidas pero para otra persona constituyen una cualidad que nos hace irrepetibles e insustituibles.

Recuerdo que en mi novela “Amor debería escribirse con H” (publicada íntegramente en este blog), uno de los protagonistas masculinos conversaba con la mujer objeto de sus veinticuatro horas (expresión que tomo prestada de un amigo y que usa  para referirse a qué es amar) y le decía el número exacto de vueltas que ella daba a su café para disolver el azúcar. Mi protagonista se sorprendía ante tal detalle. ¡Él había contado las veces en cada ocasión que habían compartido un momento café! “Catorce. Exactamente das catorce vueltas con la cucharilla a tu café, ni una más ni una menos.” Maravilloso me pareció el detalle, pues os confieso que cuando escribo me meto tanto en los distintos papeles, tanto masculinos como femeninos, que ahora mismo estoy sonriendo al recordar aquella escena e imaginar la cara de la chica en el momento en que descubre que ese hombre está enamorado hasta las trancas de ella.

Me gusta observar a la gente y me gusta hablar con las personas. Aprovecho cualquier ocasión que se me presenta para conversar. El otro día, sin ir mas lejos, en Portaventura y sentada en un banco esperando a que mis hijas montaran en una atracción, lo hice con una mujer que estaba a mi lado. Me advirtió que el banco estaba manchado y me levanté para cambiarme de sitio. De ese modo comenzamos a hablar… Descubres muchas cosas charlando con la gente. No es necesario que sean detalles importantes, puede ser algo que les acaba de suceder, un comentario sobre una película que han visto, un lugar que han visitado: todo puede aprovecharse para crear una historia y para conocer a las personas.

En los últimos tiempos he aprendido mucho del ser humano. En algunos casos me he entristecido y en otros me he alegrado. Me quedo con el lado positivo de la balanza. He conocido lo extraordinario, he sentido la inmensa generosidad y eso me ha hecho ver el lado oscuro de otras personas con cierta indiferencia, hasta el punto de que no me ha dolido como podría haberlo hecho hace cuatro o cinco meses atrás.

He descubierto que la gente que me gusta es gente de a pie, que dice “tito, tito” y sonríe a mi lado, gente maravillosa que me muestra la magia que puede haber en una risa, que inventa palabras y que ríe si yo río, personas que se interesan por qué puede hacerme feliz y que se esfuerzan a diario para que lo sea.

En el fondo, son los detalles pequeños los que nos hacen felices pero no nos damos cuenta. Pensamos que es tener un coche mejor o una casa más grande. Conocí una vez a una persona -aunque hay millones así- que cada vez que obtenía una de las cosas que quería poseer, no estaba satisfecha  y decía, “ya tengo esto pero me falta aquello”. Si conseguía tener una casa más grande, comentaba que la moto no la tendría nunca o si tras meses parado, volvía a trabajar, se lamentaba de que con su sueldo no le daba para viajar, cuando veraneaba todos los años por tener una casa en la playa.

Me gustan las personas que son felices con poco. Algunos califican a estas personas como conformistas pero yo pienso que tienen luz, la luz mágica de la vida en todo su esplendor. A esas personas hay que tenerlas muy presentes, observarlas y aprender de ellas, pues son las que te ayudarán a quitar tus piedras de la mochila y las que siempre estarán contigo. Son las personas que no tienen toxicidad en su corazón, la gente con alma azul. Ojalá encuentre muchas así aunque de momento alguna he encontrado y por ello me siento afortunada. Pocas personas se molestan en verlas, poca gente disfruta del azul de un alma libre.

A veces tomo una barrita con tomate para desayunar en el trabajo y lo aderezo con un buen chorro de aceite de oliva virgen y sal. El tomate me gusta con orégano y el toque justo de ajo si me lo preparo en casa. Es complicado encontrar una cafetería o un bar en los que me lo pongan así, pero me conformo con que no escatimen con el tomate. En algunas cafeterías, no sé bien por qué motivo, te ponen una cantidad de tomate que no llega para las dos partes del pan y eso me molesta. Hasta hace muy poco tiempo, tener que pedir al camarero un poco más de tomate, cuando sabía  perfectamente que el recipiente que me había  traído no era suficiente para untar las dos partes, me ponía de mal humor. La pequeña pausa para el desayuno supone en mi caso, y en el de la mayoría de la gente, un momento relajante para disfrutar de una grata charla con los compañeros y que una cantidad insignificante de tomate de menos me lo amargase, me ponía de los nervios. Es uno de mis momentos azules. ¡Y hace unos meses ese momento azul se estropeaba por una diminuta cantidad de tomate! Ahora levanto la mano y, cuando el camarero acude a mi llamada, sonrío y le pido amablemente que me ponga un poquito más de tomate para untar mi barrita de pan. Solícito regresa con el recipiente a rebosar y una sonrisa en la cara. Es raro que, ante una sonrisa y una petición amable, una persona te conteste con sequedad.

He aprendido esto al determinar que vivo mejor y soy más feliz esforzándome por conocer a las personas por sus pequeños gestos y detalles como decir de un modo divertido“¡tito, tito! o comerse un yogur usando la cuchara como nadie más lo haría. Eso me hace sonreír y agradecer el encontrarme con personas especiales por el simple hecho de que lo son para mí, aunque nadie más que yo lo vea. E, igualmente, me he convertido en persona especial para aquellos que han visto en mí el modo en que pelo una manzana, me como un yogur o arqueo una ceja cuando una conversación me interesa mucho, como algo mágico.

Así soy yo y así es la gente azul que me gusta.

Agradezco que estéís aquí, me enorgullece teneros en mi mundo y espero no haberos aburrido.

Firmado:

Una mujer que hoy es feliz.

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4 thoughts on “DAR CATORCE VUELTAS AL CAFÉ CON LA CUCHARILLA”

  1. Sublime…me ha encantado.
    sólo una cosita así a botepronto.
    El camarero puede que lo hiciera adrede para que en vez de una sola frase se convirtiera en una conversación a extensa y le.brindarse una nueva sonrisa….
    Maravillosa gente azul..siii.

  2. Este artículo es un reflejo de tu persona, transparente, cercana, que da valor a las pequeñas grandes cosas de la vida, que hacen grande a una persona (como tú). Me ha encantado.

  3. Felicidades, en los detalles está la grandeza y lo especial de las personas. Y cada uno en sí tenemos esas pequeñas cosas que nos hacen grandes. Como tú yo también ahora me fijo más en esas grandezas.

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