RELATO CORTO

CONCURSO “EL SILBIDO DE LA SERPIENTE”. Y EL GANADOR ES…

¿Recordáis el reto que propuse en TORMENTAS hace unos meses, concretamente en noviembre? Usar el título de mi primera novela, EL SILBIDO DE LA SERPIENTE* para organizar un concurso de relato breve https://tormentasdetinta.wordpress.com/2016/11/29/concurso-de-relato-breve-el-silbido-de-la-serpiente-primera-edicion/  . Fueron bastantes los lectores del blog quienes aceptaron el reto y me enviaron sus relatos. Hoy publico el relato ganador y os invito a conocer a su autora.

La ganadora, BEATRIZ GONZÁLEZ CASTELLANOS, envió un emotivo relato que conserva el título del concurso, EL SILBIDO DE LA SERPIENTE, y que me llamó mucho la atención pues de un título sacó una historia fresca y distinta a lo que imaginé que podría escribirse, basándose en él. Si queréis saber más de Beatriz, ella tiene perfil de Twitter y es este:  http://@_beagzlez_

Animo a que participéis en la segunda edición del concurso pues, dada la buena acogida que tuvo el concurso, os espero aquí, muy pronto…

EL SILBIDO DE LA SERPIENTE.

El silbido de la serpiente que se agazapaba en la puerta de la tienda la había despertado un buen rato antes. Tumbada boca arriba y con gotas de sudor incipiente en su frente, Matumaini esperaba el momento de levantarse. La noche había sido realmente calurosa, pero ello no le había evitado dormir menos de cinco o seis horas. Llevaba toda su vida viviendo en aquel safari y unos grados de más ya no le quitaban el sueño.

Se giró despacio sobre sí misma y se acomodó de nuevo. Entre la oscuridad a la que ya había acostumbrado a sus ojos vislumbró una hormiga que trabajaba en silencio. Era pequeña, aunque más grande de lo normal, de un marrón rojizo que brillaba con cada haz de luz de luna que se filtraba por las paredes de la cabaña. Transportaba una miga de pan que debía haberse caído de la hogaza que cenó Matumaini la noche anterior, y sus movimientos eran ligeros y ágiles, como si no pesara nada lo que cargaba; o como si su fuerza fuera la de un superhéroe. Había oído historias de un tal Superman, un hombre que volaba al lugar donde se estaban cometiendo estafas o agresiones para detener a los malhechores. ¿Y si las hormigas en realidad eran superinsectos? Tenían una fuerza que excedía trescientas veces su peso, y habían sido capaces de enfrentarse a los elefantes de la sabana. Sí, sí, a los elefantes; su hermano se lo contaba a los turistas, y su hermano siempre decía la verdad:

–¿Veis lo maravillosas que son las acacias? Pues se mantienen así gracias a las hormigas, que las defienden con uñas y dientes… literalmente. Llevan años enfrentándose a los elefantes y, si es necesario, les propinan dolorosos mordiscos para evitar que coman de ellas y nos dejen sin sombra donde poder reponernos del sol cuando más aprieta…

¿Podría ella convertirse en una superniña? Al fin y al cabo, las hormigas eran más pequeñas y habían encontrado una vía para enfrentarse a los verdaderos reyes de la selva. Matumaini era fuerte y trabajadora; aguantaba dieciséis horas de trabajo diario y se encargaba de cargar y descargar el equipaje de las diez personas que conformaban cada grupo de excursionistas. Era lista; sabía hablar suajili e inglés, y había aprendido mucho francés solamente escuchando a los turistas. Y además de todo ello, Matumaini era servicial; se encargaba de preparar todas las comidas diarias de los grupos y de su hermano, organizaba las tiendas y preparaba las camas. Y todo ello con tan sólo ocho años.

De repente, la hormiga desapareció a través de una grieta de la pared. Se preguntó si tal vez ella podría hacer lo mismo; desaparecer a través de una grieta y conocer un nuevo mundo. Ese mundo donde vive Superman y donde pudiera convertirse en “Supermsichana”[1].

Entonces, el gallo que viajaba con ellos cantó. Matumaini se levantó de un salto y se dirigió al exterior a encender el fuego de la mañana; mientras calentaba el agua para los desayunos, entró de nuevo en la cabaña y zarandeó a su hermano:

–¡Daren! Vamos, ¡despierta Daren! Es hora de levantarse, Mashoga ya ha cantado y tenemos que estar preparados para cuando se levante el grupo.  –Pero como todos los días, Daren devolvió un codazo a sus sacudidas y la niña volvió fuera a retirar el agua de la lumbre.

Para cuando los primeros rayos de sol hicieron su aparición en el horizonte, Matumaini tenía preparadas las diez tazas de cacao caliente del grupo y la de su hermano, había recogido los trastos del interior de los jeep en los que realizaban la ruta y había colocado la jaula del gallo entre los asientos del coche alfa.

–Mashoga, ¿tú eres feliz viviendo en tu jaula? Quiero decir, ¿a veces no piensas en que te gustaría ser otra persona? U otro animal en tu caso… ¿No te gustaría ser una hormiga? Las hormigas viven en libertad, trabajan para ellas mismas y pueden esconderse donde quieran.  –Matumaini esperó, pero la única respuesta del gallo fue un leve cacareo. «Bueno, quizá tú no tengas aspiraciones, pero algún día yo me convertiré en Supermsichana y haré que la gente mala del mundo desaparezca, como hace Superman».

–¡¡¡Matumaini!!! ¡¡¡Matu!!!  ¿Esto qué es? ¡Te he dicho millones de veces que el agua debe estar bien caliente antes de añadir el cacao!- Daren se dirigía hacia ella hecho un basilisco. El chocolate estaba templado, y esa no era la forma correcta de servírselo a los turistas; habían pagado una gran suma de dinero por embarcar en aquella ruta, y lo menos que podían hacer era ofrecerles un desayuno decente.

Emily era una profesora australiana que estaba disfrutando de un año sabático en su trabajo. Desde pequeña, siempre había disfrutado leyendo historias de aventureros, viajes y expediciones. Su trabajo en un colegio de Sydney le encantaba, pero desde un año atrás había empezado a sentir que faltaba algo en su vida que la llenara y, tras verse a sí misma como un David Livingstone en un maravilloso sueño nocturno, decidió embarcarse en aquella maravillosa aventura.

Unos metros frente a ella, una pelea se batía entre los dos hermanos que llevaban al grupo. Daren gritaba a la dulce niña pero… ¿por qué? Se acercó un poco más para escuchar, pues entre ellos hablaban inglés y ello le facilitaba mucho las cosas.

–No se preocupe, Daren, yo no necesito una taza nueva, estoy dejando enfriar mi chocolate. La mañana es demasiado calurosa incluso para los paladares más exigentes que necesitan tomar caliente al despertar.

–No es ninguna molestia, señorita Emily. Es tarea de Matumaini prepararlas y apenas tardará unos minutos más; nos pondremos en camino antes de que se den cuenta.

–No, no, en serio… hace demasiado calor para un chocolate caliente.

– Señorita Emily, el calor es bueno para el calor. La bebida caliente hace que se ensanchen los vasos sanguíneos, y así se potencia la pérdida de calor a través de la piel. ¿No lo sabía? Vamos, ¡todo el mundo lo sabe por estas tierras!

–Todo el mundo menos los turistas, ¡por lo que veo!  – Emily sonrió amablemente – . De todas formas… no es preciso que Matumaini caliente un cazo nuevo. Por hoy es suficiente para todos, y no creo que a los demás les importe tomar el chocolate templado por un día.

Daren pareció convencerse y se alejó en busca de sus bártulos.

–Muchas gracias señorita Emily. Pero Daren tiene razón; en realidad mi hermano siempre tiene razón. Es muy listo, ¿sabe?

–Tú también lo eres, pequeña. ¿O acaso Daren sabe preparar chocolates tan ricos como los que tú nos haces cada mañana? Además, no hubiera permitido que te quedaras sin desayunar y yo en cambio lo hiciera dos veces hoy; no sería justo para una Superniña como tú, ¿no crees? -La sonrisa que asomó en la cara de Matumaini iluminó la sabana entera.

[1] Msichana significa niña en suajili. Por tanto, “Supermsichana” sería “Superniña”.

*  Podéis adquirir EL SILBIDO DE LA SERPIENTE, a través de este link: http://rxe.me/SHJMX1U

 

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