RELATO CORTO

MI ZURDO DE CORAZÓN

Ser zurdo ha sido objeto de recelo a lo largo de la historia. El mundo está hecho por y para diestros y ese diez por ciento de la población que no lo es, ha sido marginada durante siglos. Su «tara» se asoció a la oscuridad y a lo siniestro, eran objeto de escarnio y pasto de la ira de los diestros, e incluso se les quemaba en la hoguera, acusados de brujería.

Diego es zurdo y de oscuro solo posee el color de los ojos y el cabello negro azabache. Si tuviera que describirlo con una sola palabra sería precisamente «luz».

Cuando dibuja poemas usando mi piel como cuaderno, lo hace con el ansia del poeta que está viviendo su último día y no quiere dejar versos inconclusos. Y sus dedos no son dedos sino pluma, de tan suave y delicado como escribe, con trazos sensuales, con tanta calidez. Zurdo, sí, pero no frío, no oscuro, no siniestro. Y ardo en su hoguera, ardemos juntos.

Me pregunta qué ha escrito y no lo adivino siempre. Solo cuando le pido que vuelva a escribirlo, consigue parar sus dedos y garabatear como un niño en el jardín de infancia: despacito y con pueril caligrafía. Y entonces voy repitiendo las palabras que bordó en mi piel como una letanía o como canción, según me halle. A veces doy dentelladas a cada palabra que repito, deseando que acabe la frase, ansiando que, tras el último bocado, las palabras se conviertan en orgasmos. En otras ocasiones, las susurro y noto su respiración entrecortada cerca de mi cuello, su piel vibrando con cada trazo, su deseo que aumenta, su calor.

«Te amo,

Sin medida,

Con ansia,

Con deseo.

Te amo sin tiempo.

Amo tu piel».

Aunque todos tenemos el corazón a la izquierda, yo bromeo con Diego y le digo que es zurdo también de corazón. Él me entiende, pues no hablo de ser siniestro ni retorcido, no, hablo de ser diferente, de ser mágico, de ser único y especial. Diego es creativo en la vida, en casa, en nuestra cama. Su corazón es una enorme caja de sorpresas, su alma un camino incierto, vive con pasión, tiene un gran talento como escritor y sus manos sanan mi alma cuando toca mi piel. Sus dedos desprenden fuego al dibujar en ella, al escribirme versos, al amarme… Por eso afirmo que Diego es zurdo de corazón, pues dudo que más de un diez por ciento de los hombres, zurdos o diestros, sean capaces de entender a una mujer tan bien como lo hace él. Y lo afirmo con la certeza de quien se conoce bien. No creo que haya muchas mujeres tan complicadas como yo. Sin embargo, él ha sabido desarmar mi maquinaria y volverla a armar sin que sobre una sola pieza. Encajó mi mal humor, mi soberbia, mi ceño fruncido, mis dudas, mi pasado, mi futuro incierto, mi testarudez, encajó todos los golpes bajos que le di y aun así, siguió escribiendo…

He aprendido a amar a un hombre cuyo deseo de entregarse es tan grande, que lo que comenzó siendo broma al llamarlo «mi zurdo de corazón», se convirtió en certeza cuando por primera vez sus manos recorrieron mi espalda y dibujó su amor en mi piel.

Diego no sabe mentir, no sabe estarse quieto para tomar aire y respirar, no sabe engañar, Diego es un niño zurdo que ama diferente y vive como pocos viven, con el alma a flor de piel.

Llegó a mi vida cuando ya no tenía esperanza alguna de ver luz en mis sombras. A veces pienso que apareció por casualidad y cuando más lo necesitaba, para poner sus dedos en mis heridas y dibujar corazones, nenúfares, nubes y poemas de amor. Como un curandero, hizo que sanara y ni cicatrices del ayer tengo que me recuerden los tiempos oscuros. Ahora está y es lo que cuenta. Lo que pasó antes de que llegase, decidí borrarlo de mi vida. Y aunque no quiero que deje de escribir en mi cuerpo desnudo ni deseo dejar de susurrar o morder palabras, me ha enseñado a no depender de nadie, a ser yo misma y a no sentirme mal por querer serlo.

Antes yo no era así, antes sufría por reivindicar mi autonomía, pensaba que no merecía ser amada, que no valía la pena luchar por hacerme valer. Qué error tan grande. He necesitado que apareciera un zurdo de corazón en mi vida para que al fin me quiera tal y como soy. Y este zurdo, mi zurdo, me ha hecho ver que, curiosamente, esté o no él, o esté o no otro que viniese, yo seguiré teniendo el mismo valor.

Hoy, en nuestro dormitorio ha vuelto a dibujar, esta vez sus versos han sido epílogo y no preámbulo a amarnos. Una sola palabra: princesa. He sonreído, le he pedido que se tumbe boca abajo y he comenzado a escribir. Le ha sorprendido y ha hecho intención de preguntar. «Shhhhh… calla y lee…».

Y así, despacito, ha ido leyendo cada una de mis palabras escritas sobre su espalda. Y he llegado abajo, más abajo, con líneas mojadas en todo lo que siento por él. Y mi zurdo ha llorado…

«Mi vida,

Tu princesa lleva tu amor en su vientre.

Pronto seremos tres».

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6 comentarios en “MI ZURDO DE CORAZÓN”

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