RELATO CORTO

CIEN MIL BESOS

Lo conocí con cicatrices maduras y con grietas en los labios. Le pregunté si por sed y respondió que por besos no dados.
No era guapo, ni joven, ni su carácter era manso o jovial. Sin embargo, entre tanta sombra, yo pude ver su luz.
Y así, la encontré, y así, me la dio.
Cambió sus grietas por besos que recibió mi piel, anhelante de mil, diez mil, cien mil.
Los surcos de su corazón se transformaron en cruces en un calendario colgado en mi cocina.
Quizas fueron cien mil besos, quizás… Nunca se lleva la cuenta cuando te sacian.
Y cuando murió, se llevó no una vida vivida, sino dos vidas enteras: la suya y la mía.

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