RELATO CORTO

NO ME MIRES

«No me mires ni me observes, solo quiero que me veas, nada más», me pidió.
Aquel día no entendí lo que quiso decirme. Estábamos bien, cada uno con su vida y sus rutinas. Yo feliz con mi compañera y mis hijos; ella con su vida, su casa y su marido.
La veía de vez en cuando, cuando nuestra agenda nos lo permitía. Follabamos, reíamos y prometíamos volver a vernos. Nunca hubo dependencia, ni exigencias, ni nada que supusiera cadenas. Ya teníamos las nuestras y aquello solo era una bocanada de aire fresco para no ahogarnos, un salvavidas contra la rutina.
Un día la miré con detenimiento mientras se vestía en aquella habitación de hotel que se había convertido en nuestro rincón mágico. Acabábamos de follar y nos habíamos duchado juntos. Recordé nuestras risas después de que comiésemos sandwiches de Ferpal encima de la cama y Nutella con los dedos. Desnudos y riendo a carcajadas. La Nutella acabó en nuestros cuerpos y vuelta a empezar.
Y sí, la miré y no solo la vi sino que la observé. Y cuando lo hice, comprendí qué había querido decir con aquello de que solo la viera…

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