RELATO CORTO

HELADO DE PITUFO

Aquel helado me dejaba la lengua pintada y yo le pintaba a él de azul. Comíamos helado, sacaba la lengua y se reía. Luego volvía a reír cuando, después de gemir, jadear y tener su orgasmo, bajaba la vista y se veía tan azul. Escuchar su risa me hacía feliz. Creo que el azul es el color de la felicidad.

He vuelto a comer ese helado, pero él ya no está. Hoy hace un calor asfixiante y Raúl y yo hemos comido helado. Yo elegí este y Raúl se decidió por un cono de vainilla. Cuando, ya anochecido, nos hemos ido a la cama y mi marido ha gemido fuerte, estallando en mi boca, ha bajado su cabeza y ha visto ese color azul, antaño tan divertido para mí y para Pablo.

He esperado su carcajada y solo he oído una frase salir de su boca: «joder, Marta, no comas helado de ese cuando me folles». Y me he acordado de Pablo y sus risas, de mi sonrisa cómplice y de que, normalmente tras esa carcajada, me llevaba a las nubes. Me he limpiado la boca, me he levantado y he traído a Raúl un papel para que se quite el helado. Acto seguido me he dado la vuelta y he pensado de nuevo en Pablo.

Por cierto, el helado se llama pitufo.

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