RELATO CORTO

ANIMALES DE COSTUMBRES

Pese a toda tu mierda, en parte yo te entendía. Daba igual lo cabrón que fueras, pues tenías a tus pies a quien no le importaba bañarse en lodazales, nublada su perspectiva, viendo un manantial en lo que solo era fango.
¿Para qué cambiar si, aún siendo así, alguien te lamía las botas? No era necesario llevar máscara, te quería igual, pese a tu podredumbre. Animales, ambos, de costumbres.
Pasó el tiempo y el sabor de tus botas se tornó rancio. Ya no era apetecible para ninguna, salvo para ella. Ella… vieja, asustada y ciega; tú, sin atractivo alguno, sin poder sobre ninguna, salvo sobre ella.
Y así, salió como demonio y fiera, podrida y fétida, tu verdadera naturaleza. Cuando te hiciste invisible, cuando ni se te levantaba. Solo. Y ella, sola. El juego al que jugabas, el juego al que aceptó jugar ella, tu sombra, tu marioneta, tu pelele, quedó solo con dos jugadores. Al fin, se dijo, «eres mío».

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1 comentario en “ANIMALES DE COSTUMBRES”

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