Poesía

A MIS HIJAS

La tienda de la vida
Me regaló esperanza.
Rayitos de sol en mi horizonte
Inundan mi cielo de luz temprana.
Cuando abren los ojos cada mañana
Calientan los leños de mi sonrisa.
No concibo este mundo sin mis dos soles
Y si me faltasen no sé que haría.
Ahora ya no pienso
En aquel paraguas que me puse un día
Y espero que pronto olviden
Mi breve ausencia pues sus reproches
ya fueron duro castigo a mi locura.
Ellos saben que ahora soy otra
Pero también la misma
Que los acunaba en mi pecho
Y canturreaba nanas imaginadas de madre tierna,
Regazo cálido, pecho gozoso por así tenerlas.
Ahora sus rayos siguen conmigo.
Y si me ven lejana siempre les digo:
«llamadme, dadme la alarma.
Pues siempre regresaré de donde me halle.
Quiero cuidaros rayitos míos,
ser pañuelo blanco
Si os hace falta.
Pues mi pecho sigue albergando
Corazón grande
Y tengo un abrazo para cobijaros
Y mil y una nanas para dormiros.»

2 comentarios en “A MIS HIJAS”

  1. Tierna poesía, seguro que ellas ya han olvidado ese alejamiento temporal y cuando tengan capacidad de amar como lo hiciste tú, lo comprenderán

    JSRQUE

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    1. Ahora su madre está cerca. Sonríe. Es más feliz. Y vive. Ahora siempre está. Aun con altibajos, como todo hijo de vecino.

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