RELATO CORTO

¿NO TE ESTARÁS ENAMORANDO? PARTE 2

Elisa discute con Sara por teléfono. Cuando cuelga tiene rubor en el rostro, el producido por la tensión. Estoy sentado en el sofá con un libro en la mano que dejé de leer cuando su airada conversación empezó. Pasa por mi lado y me mira con gesto desafiante pero no caeré en su trampa. Es habitual que sus discusiones con nuestra hija acaben en reyertas acaloradas conmigo. Hoy no estoy dispuesto a que la historia se repita pues ya estoy bastante tenso desde que Laura me comunicó que no nos veríamos esta semana. Elisa hace ademán de querer decirme algo, pero no lo hace. Respiro casi audiblemente mientras se sienta, coge el mando de la televisión y comienza a cambiar los canales. Después de unos segundos, apaga con desgana el televisor y me mira. Empieza la batalla, cree ella, pero lo que no sabe es que hoy no estoy dispuesto a pelear. Solo pienso en Natalia y en que va a quedar con ese amigo al que, según ella, no ve desde hace mucho, privándome de nuestro encuentro semanal.
– Sandra ha vuelto a discutir con Roberto. Al final ha acabado echándomos la culpa. Que está cansada de ir en bus y metro, que cuando llega a casa está agotada de tanto transporte y estudio y que cómo no va a discutir con él si es el único que está para descargar su mal humor. Pues eso, mamá, que la culpa de esto es vuestra porque no me compráis un coche. ¡Siempre con la misma cantinela!  ¿Qué opinas? ¿Accedemos y le compramos el Fiesta?  Con tal de no oírla…
Ya salió.  Sabe lo que opino: no hay coche. No somos ricos. El coche familiar está dando problemas y  vamos a tener que comprar otro en breve. Sandra tiene 21 aňos y se cargó el coche que le regalamos tras sacarse el carné. Siniestro total en un accidente que pudo costarle la vida. Afortunadamente, las únicas consecuencias fueron contusiones varias y un brazo roto. Ni Sandra ni Elisa parecen recordarlo. Lo de Sandra es normal, dada su edad y su carácter contestatario. Se pasa la mitad del tiempo amenazando con irse a vivir a casa de su novio, un tío de 29 aňos y que tiene su vida medio resuelta (trabaja en la industria farmacéutica y vive solo), cosa que ya prácticamente ha hecho,  aunque económicacamente sigue dependiendo de nosotros. Espero que, cuando finalice sus estudios universitarios, cumpla su amenaza. Ese día le ayudaré a hacer las maletas. Total, para lo que para en casa…. Pero lo de Elisa no tiene nombre. Mi mujer no ha madurado. Cuando nos conocimos, ese temperamento alocado y rebelde me conquistó, pero han pasado veintidos aňos y ahora su eterna actitud adolescente me enerva. Ya tiene 42 aňos y se niega a envejecer. Esa negativa y  la falta de madurez han hecho mella en nuestro matrimonio. Nos casamos muy jóvenes y no enamorados, al menos por mi parte, aunque creo que por la suya tampoco. A veces pienso que me echa en cara que no fuera el típico chico que se refugia en sus proyectos de futuro y su juventud para no asumir las consecuencias de sus actos. Cada día tengo más claro que, a Elisa le pesa no haber sido rebelde para eso. Nació Sandra, nos casamos,  terminamos nuestras carreras y dejamos las casas de nuestros padres cuando encontramos trabajo. En el fondo, reconozco que no fue tan duro y que la cuesta arriba de nuestro matrimonio comenzó casi cuando comienza la de todos, después de unos cuantos aňos de dura convivencia. Sandra fue criada y mantenida por mis padres hasta que cumplió los seis aňos. Fue dramático para nieta y abuelos el irse a vivir con unos padres que no se habían ocupado de ella más que los fines de semana del último aňo de su vida. Nuestros actos siempre pasan factura. Estoy convencido de que el desapego de nuestra hija hacia su madre y el de Elisa hacia Sandra, viene dado desde su cuna. Conmigo Sandra es más cariňosa. Nos adoramos. Creo que sabe desde pequeña que está en este mundo gracias a mí.
– Mi opinión no ha variado de ayer a hoy, Elisa. No quiero que se mate. Es una irresponsable.
– ¡Ya estamos! Si no dejamos que madure, no lo hará nunca. Un coche es una oportunidad para ello. La responsabilidad de su mantenimiento es un paso. Y así me dejaría en paz. Porque, claro, la oreja me la calienta a mi y no a ti.
-Te recuerdo que hace un aňo casi se mata con el coche.
-Daniel, acababa de sacarse el carnet. Podría pasarle a cualquiera.
-A cualquiera, no. Tú no viste el coche. Sus lesiones fueron pocas para lo que podría haberle pasado. No hay coche.
– Daniel. Ahora es cómodo pagarlos. Pronto será su cumpleaňos. Además,  en esta casa también opino yo.
– Eli, estoy cansado y voy a acostarme. Deberías haberle dicho a Sandra que son las once de la noche, que es martes y que el curso aún no ha terminado y no colgar sin más. No lleva este trimestre como para permitirse estar de copas a diario.
-Tú también podrías hacerlo y además no hemos acabado…
-Por mi parte sí.  Estoy cansado y me voy a dormir.
-¡Daniel!
Elisa hace ademán de cogerme de la camisa cuando me levanto y me dirijo a la puerta. La miro y se sonroja de ira, pero no lo hace. No ha podido salirse con la suya. En verdad, estoy muy cansado.
Llego al dormitorio arrastrando los pies, me pongo el pijama y me lavo los dientes. El espejo me devuelve un rostro apagado. Este mes está siendo agotador. Negocios sin cerrar y los jefes metiendo caňa pero sin apearse del burro. No bajan su oferta y perdemos posiciones frente a nuestros competidores, más cercanos a la realidad del mercado. Si mi equipo no logra convencer a la directiva de que hay que mejorar la oferta, perderemos esta venta. No sé qué pasaría si esto sucediera. Me veo otra vez en las colas del INEM y enviando currículos.
Me tumbo en la cama y cojo el móvil. Abro wasap y veo en línea a Natalia. Voy a escribir un buenas noches pero cambio de idea. Han pasado dos minutos y sigue en línea. Tecleo: buenas noches y unos segundos más tarde deja de estar en línea. No lee mi mensaje. Dejo el teléfono en la mesilla y compruebo que mi irritación me ha provocado una tremenda erección. No puedo creerlo. Comienzo a masturbarme y de pronto, me sorprende el sonido de la recepción de un wasap. Es Natalia que me contesta con un cortante te dije que fuera de horario laboral, no me llamases ni escribieras. Tengo mi casa y te dejé bien claro que ese tiempo es sagrado.  No vuelvas a escribir.
Con furia por su actitud y su firmeza y unas ganas enormes de tenerla enfrente y… quizás decirle que…, dejo el móvil y continúo con lo que estaba haciendo. Estoy cansado, muy cansado. Acabo pero no me relajo. Cojo la novela que estoy leyendo y la abro con desgana. En realidad, no tengo ganas de leer. En ese momento entra Elisa y me mira. Su expresión no es de enfado sino de indiferencia. Dejo el libro y titubeo un segundo pero después sonrío. Ella parece observarme un tanto sorprendida.  Después sonríe también. Se acerca, se sienta en la cama, me incorporo y la beso. Me pierdo en sus senos. Aún es una mujer muy atractiva. Al tocar mi sexo, este ha empezado a reaccionar al contacto de sus dedos. Comprueba que estoy mojado. Los preliminares empezaron antes de que pudiera ir al baňo a limpiarme. Se separa de mí y sonríe.
-¿Cumplirás pese a este pequeño inconveniente? -bromea.
Sabe que, pese a mis 44, cumplo como mínimo dos veces en una sesión. Y si me da un tiempo de recuperación, puedo batir ese récord con facilidad. Mi cabello ha empezado a encanecerse pero mi cuerpo sigue respondiendo bien.
-Cumpliré.
Caemos exhaustos a las dos de la maňana. Aunque el despertador tocará indefectiblemente a las siete, ha merecido la pena trasnochar. He olvidado a Natalia y he recordado que Elisa, cuando quiere, es una maravillosa amante.

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