RELATO CORTO

¿NO TE ESTARÁS ENAMORANDO? PARTE 1

Me pregunto qué tenemos Natalia y yo. Esta duda sacude mi cabeza cuando estoy lejos de ella y nunca lo hace cuando la tengo pegada a mí. No me asalta cuando la saboreo o lo hace ella ni cuando miro nuestra imagen reflejada en el espejo y compruebo cómo ardemos. Su rostro, el mio… Me he acostado con decenas de mujeres y con ninguna me he planteado nada ni antes ni después de poseerla, solo con ella. Con Natalia no quiero salir de la habitación del hotel en el que tenemos nuestros ocasionales encuentros. No quiero hacerlo no porque solo desee estar dentro de ella sin perder un minuto para tomar un café y charlar, sino porque no quiero que sea más que para mi, no quiero que el mundo la mire. No me he sentido así con ninguna otra mujer, ni siquiera con mi esposa durante nuestro noviazgo. Por eso me pregunto si esto es lo que llaman amor. Porque lo que me pasa con Natalia no lo he experimentado jamás. Sin embargo soy plenamente consciente de sus circunstancias y de las mías. Ambos estamos casados. Yo, además de estarlo con Elisa, también lo estoy con un estresante trabajo. Hasta que llegó Natalia, soltaba mi tensión con mujeres con las que contactaba a través de las redes sociales. De hecho, así la conocí. Yo no quería relaciones, solo sexo. Y así lo comunicaba abiertamente, después de un día o dos de hablar con las que me parecían interesantes y atractivas. Mujeres cultas, modernas, liberales y que intuía deseosas de tener una aventura ocasional. Algunas me mandaban a la mierda, pero lo cierto es que mi sexto sentido se confundía poco. Es increíble lo sencillo que resulta tener sexo en el ciberespacio. Trasladarlo al mundo real solo es cuestión de logística.  Hay miles de mujeres que viven en Madrid y desean ser conquistadas. Soy buen conocedor de la psicología femenina, algo que he aprendido desde mi infancia, pues tengo tres hermanas mayores que yo, tengo don de gentes y soy atractivo, así que mis bazas para la conquista están aseguradas. A Nat (así la llamo cariňosamente) la conocí hace cinco meses y mi modus operandi de contactar con ella fue el mismo que utilizaba habitualmente. Tenía una foto de avatar en Twitter en la que se mostraba como una mujer de limpia sonrisa y mirada alegre. Me gustó lo que vi y la seguí.  Al día siguiente ella respondió siguiéndome. Todo fue sencillo con Natalia y en un principio pensé que sería una más de mis conquistas. A día de hoy he dejado de operar en la red y solo me acuesto con ella. Por tanto, ya no puedo decir que sea un rollo ocasional como lo fueron las otras. Natalia es mi amante.
-Estás serio. ¿Te pasa algo? -me pregunta sin dejar de acariciar mi sexo.
Hace un minuto estaba flácido y ahora vuelve a estar erecto. ¡Qué facilidad tiene para conseguir que mi cuerpo reaccione!
-El trabajo Nat. Estoy agobiado.
-Creí que te había relajado… -Sonríe.
-Y lo has hecho, nena, pero son miles de cosas, un cúmulo de circunstancias. Tranquila, se pasará.
-Estás ausente, Daniel.
-¿No te he amado bien hoy?
-Lo has hecho, pero me preocupa verte así. Tus ojos…
-¿Qué les pasa a mis ojos?
-Están apagados. Es más que trabajo, ¿verdad?
-Me planteo cosas, tengo dudas,  problemas en casa, mosqueos en el curro. Un completo,  princesa.
-Mmmm…
-No, nena, por favor, que te veo venir.
Sonríe maliciosamente y pone ojitos. Sin dejar de acariciarme, me besa. Muerde mis labios delicadamente y ronronea cerca de mi oreja. Sabe cómo excitarne.  Minutos más tarde, yo completamente vacío y ella aún gimiendo, caemos extenuados. Me mata sensualmente. Nos deseamos.
-Tengo la semana que viene complicada, Daniel -comenta tras un rato de estar abrazados y sin hablar.
-Lo que significa que no nos veremos -contesto con gesto serio.
De pronto se incorpora y me mira.
-Sin ataduras, Daniel, desde el principio lo aceptamos así. Es lo que me gustó de ti: tus ideas claras y tu sinceridad.  Ya tengo cadenas en casa. No las deseo fuera.
Los ojos de Natalia se vuelven fríos cuando insinúo algo sobre tiempo o futuro. Quedamos cada diez o quince días pero últimamente hemos podido vernos una vez por semana, pese a nuestros absorbentes trabajos. Mi dosis semanal de su cuerpo, al que me he acostumbrado con suma facilidad, me la va a negar la semana próxima. Va a negarme mi playa de arena blanca, mi oasis de paz, mi medicina contra el estrés en forma de caricias y besos. Voy a quedarme sin probar su cuerpo. Esos ojos azules que captaron mi atención la primera vez que vi su fotografía se convierten en hielo cuando demando un espacio en su vida de un modo sutil. Natalia no es de sutilezas.
Cuando nos conocimos y comenté abiertamente lo que deseaba, lejos de escandalizarse, aceptó mis condiciones sin poner ninguna objeción. Es lo que busco , tecleó y envió al momento.  Ambos somos de Madrid y tras cuadrar día, quedamos la semana siguiente para conocernos. En el restaurante donde la invité a comer y, tras los postres, nos besamos. En aquella ocasión fue dulce pero dejó entrever un temperamento apasionado y sensual.
En nuestra segunda cita comimos en el mismo restaurante pero en aquella ocasión el postre fuimos nosotros. No lo esperaba. De camino a su casa me dijo, gira aquí, señalando un desvío hacia un hotel de convenciones que se divisaba en la carretera. Es un sitio discreto. Lo conozco, añadió con naturalidad. Su apariencia serena y delicada y sus modales sencillos y elegantes no hacen entrever que sea en la cama la hembra que es. Sus besos algo insinuaron en nuestra primera cita pero pensé que era por el hecho de probar unos labios nuevos. Natalia es insaciable. Me mató en aquel hotel y me mata cada día que nos vemos.
Sus palabras, su gesto, toda ella es hiriente ahora. Hace un momento era fuego y ahora es un témpano de hielo. Incluso creo que su temperatura corporal ha bajado unos grados.
-Daniel, creo que te estás enamorando. Cuidado.
-Nat, nena, no leas tantas novelas románticas.
-Mi madre leía a Corín Tellado. Yo leo novela negra. No creo en el amor, solo en el sexo. Pero sé lo que veo.
-Te confundes. Yo también veo lo nuestro solamente como sexo.
-Por eso te mosqueas cuando te comento que no podremos vernos la próxima semana. Tengo mucho trabajo y mi única tarde libre voy a dedicarla a un amigo que hace mucho que no veo. No hay más.
-Sin explicaciones -digo con voz áspera.
Carraspeo. Ha herido mi ego. Me pregunto si es consciente de que cada vez necesito más tenerla. Claro que lo es. Y directa. Acaba de darme una buena bofetada. ¿No te estarás enamorando? No sé cómo salir de esta. ¿Y si lo estoy?

CONTINUARÁ…

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6 thoughts on “¿NO TE ESTARÁS ENAMORANDO? PARTE 1”

  1. Ternura y frialdad, de nuevo la tensión sexual, pero alejada del compromiso, se repite la historia, sexo total, amor ninguno. Me gustaría saber de los personajes perdedores, el marido y la mujer de los amantes.

    1. Soy consciente de que mis personajes son melodramáticos y sexuales pero también aman. De un modo u otro. El problema está en que en el amor no siempre se es correspondido.

  2. Yo no los considero melodramáticos, ni mucho menos. Buscan una salida a sus frustraciones y como en cada relación no todos exponen lo mismo y siempre hay alguno que pierde y se frustra.

    1. Quizás… En cualquier caso, es un retrato de la vida misma. Vivimos a la carrera pero aún necesitamos sentir.

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