RELATO CORTO

HASTA QUE LA VIDA DECIDA

Llueve. Lleva así toda la noche. Me he despertado varias veces, ella no. Hoy es la primera vez que dormimos juntos. Solo hemos hecho eso, dormir. No he podido tocarla. Ha estado llorando, llegó llorando y no podía tocarla en tal estado, ya que me hubiera sentido un ser repugnante. Nunca ha sido infiel a su marido y sé que me quiere, pero no ha podido tocarme y, al contemplar sus ojos, he sentido esa mirada de culpabilidad y ese miedo y yo tampoco he podido acercarme a ella. Así que hemos estado hablando, sentados en la cama del hotel y me ha contado y yo he escuchado y me ha preguntado y yo he respondido. Y así, hasta que se ha acostado en la cama, se ha hecho un ovillo y la he visto quedarse dormida. Me he sentido su padre y no su amante. La he besado en la frente y la he arropado. He estado mirándola durante horas hasta que el sueño me ha vencido y me he dormido a su lado.

Me despertó la lluvia. Ella seguía dormida. Es hermosa y deseo probar sus labios. Nunca nos hemos besado y me muero por probar cómo saben. No habrá beso, lo sé, no habrá nada. Se irá con su marido y creo que no volveremos a vernos. No me importa no haberla tenido, pero sí hubiera deseado besar esa boca. Duerme y yo la contemplo.

*****

—Quiero tortitas. Me gustan mucho.

—Pues las pediré.

—¿Puedes hacer que las traigan a la habitación?

—Puedo hacer magia, si con eso arranco una sonrisa a esa cara tan bonita.

—Siento lo de anoche.

—No puedo forzarte a nada, no pasó nada y no pasa nada, no te disculpes.

—No quiero a mi marido, te amo a ti.

—No hables, no me expliques. No te he pedido ninguna explicación. Es hora de comer tortitas.

*****

No ha dejado de llover. Hemos comprado un paraguas y no hemos parado de caminar y ver la ciudad. Las Ramblas invitan a pasear. No conocía Barcelona y ella tampoco. No hemos reparado en que llovía, ni nos hemos preocupado de esquivar los charcos, estábamos juntos y éramos felices. Sonreía, me contaba y yo escuchaba. Oyendo lo que me relataba, la he conocido un poco más y he olvidado quién soy, lo que hice, todo el daño que causé a mi familia, todo lo que rompí y todo lo que perdí. Me  pregunto por qué me ama, si apenas sabe de mí, apenas he contado nada. Sin embargo, sé que no me miente, que me quiere de verdad. No la he tenido ni la he llegado a besar. Bajo este paraguas, todo es luz y mi sombría existencia parece haberse desvanecido. Contemplar su rostro me da paz, esa paz que tanto ansío. Miro sus labios, que dibujan recuerdos cuando habla, esos labios que se muerde cuando me mira, cuando su mirada se para en los míos. Sé que quiere besarme y no se atreve, sabe que la amo y no me lo pregunta. Estoy en calma, mi corazón esta en calma y todo Barcelona parece  haberse parado mientras ella habla de lo que vivió y de lo que desea vivir…

*****

—Hace unas horas pensaba que no te tocaría, que no te besaría, que no te tendría y ahora, solo pienso en volver a tenerte. En Barcelona, en París, en mi casa, en cualquier lugar. Sin embargo, me digo que no debo engañarme. Soy un hombre que arrastra un pasado y que nada posee y tú estás muy lejos… ¿Qué puedo darte, qué puede ofrecerte? Nada tengo, nada soy. Nada.

—Ya me has dado todo y no quiero ninguna cosa que se compre. Lo que eres y he recibido, no tiene precio. Tú, todo tú me has dado. Un paraguas, la lluvia, pasear, escucharme. ¿Sabes cuánto hacía que nadie me escuchaba? Te lo voy a decir, te voy a decir cuánto tiempo me siento sola en este mundo, perdida, abandonada. La eternidad. Ayer estaba asustada y no me tocaste, lo cual agradecí. Ni una caricia, ni un beso, nada. Me entendiste y me escuchaste. Y esta noche lo hemos tenido todo. Tu piel, tus caricias, tus besos, reír, bromear, hacer el amor sin pensar en el tiempo, en mañana. Estas cuatro paredes y nosotros dos. No pido más, he tenido esta noche cuanto he deseado y ya no me siento sola, ni perdida, ni abandonada.

—Quiero volver a verte. Desearía que esto no acabara  y poder decir que tengo la esperanza de que algún día, podamos estar juntos. Querría poder prometerte una casa, mi tiempo, todo mi amor. Sabes mis circunstancias y ahora no puedo prometerte nada. Sin embargo, te amo y deseo seguir. ¿Hasta cuándo? No lo sé.

—Hasta que la vida decida. Ahora no pienses en ello, ahora solo, ámame otra vez…

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12 comentarios en “HASTA QUE LA VIDA DECIDA”

    1. Los sentimientos no se miden, Elia. Cada uno siente de un modo y el nuestro no es el mismo, evidentemente. Un abrazo y a vivir el domingo. Gracias por pasarte por aquí.

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