RELATO CORTO

A VOLAR

—Iron Man.

—Ese mamarracho no es un héroe. Los héroes no usan tecnología.

—Anda, no me enredes. Me has preguntado por mi héroe favorito y según la Marvel, Iron Man lo es. No me hagas sacar mi genio y no te metas con el tío más sexy que ha dado el cine actual.

—Anda ya…

—Robert, mi Robert.

—Posesiva eres…

Risas. Es bastante bobo, es bastante cuerdo y es bastante… ¿qué es? Zero Zero y él me mira con los ojillos entornados. No me voy a emborrachar. Nada de cerveza… Sobria coordino más, pienso antes de hablar, mido, asimilo lo que me dice y estudio el tono de su voz, de modo que puedo ir por aquí o por allá, según me convenga y sin pillarme los dedos.

—No entiendes de héroes y no tienes ni idea.

—Habló el listillo… Tienes razón, los héroes no tienen que llevar traje con superpoderes. Pero te corrijo, no son los de la Marvel los verdaderos héroes sino nosotros dos, aquí, en este momento, yo con una Coca-Cola, tú con una lata de cerveza y montados en los columpios. Los héroes somos todos cuantos decidimos decir se acabó y cambiamos de rumbo, a sabiendas de que nadie nos entenderá. Hay que echarle muchos güevos a la vida para montarnos en unos columpios.

—No creo en los finales felices, Sara. ¿Lo entiendes?

—Sí, pero me da igual porque no es cierto. Si crees en los héroes, crees en los finales felices, mentiroso. De todos modos, ¿qué más da? Seguimos montados en los columpios y hace un rato nos retábamos a ver quién subía más alto. Te gané. Sé que crees. No te has enterado aún. Tú eres el héroe…

—Las estrellas, esas que me enseñaste antes, ¿de verdad las has visto?

—Tan claras en ese cielo sin nubes, como lo has hecho tú.

—Yo no he visto nada, Sara.

—Si no las hubieras visto, no me habrías apretado la mano tan fuerte cuando te lo pedí, Marcos.

—Me gusta el tacto de tu piel, lo hice por eso.

—Si sigues mintiendo vas a acabar la noche con una nariz tan grande, que Pinocho a tu lado va a parecer chato.

—Eres una cría.

—Un poquito. Me viene bien para barrer años de mi carné. No hago mal a nadie siendo un poco niña. Sé que viste las estrellas que me enseñé. CASA y PRESENTE. Que ahora lo niegues, no cambia el hecho de que las viste…

—¿Por qué querría mentirte?

—Porque estás asustado.

—Nada más lejos de la realidad. Ahora eres tú la listilla.

—Te miré mientras observabas el punto donde señalaba mi dedo y sé que viste mis estrellas. Si no es hoy, Marcos, será mañana, pasado mañana o el mes que viene o el año que viene, pero lo reconocerás. Están ahí y solo las puede ver quien desee hacerlo y tú quieres ver. ¿Paseamos?

—¿De tu mano?

—De la tuya.

—¿Dónde deseas ir?

—A cualquier lugar y a ninguno, da igual. Sorpréndeme.

—Aprieta fuerte mi mano, vamos a viajar a esas estrellas.

—Maravilloso, Marcos, confío en ti.

—Pues… a volar.

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