DE MIS AMIGOS

“¿POR QUÉ LLORAN LOS HOMBRES?”, DE SEBASTIÁN E. LUNA

Hola de nuevo, amigos de Tormentas de Tinta. Hoy, en mi sección “DE MIS AMIGOS”, y nacidas de una pregunta que formulé en facebook hace unos días, os traigo las reflexiones de un amigo escritor, Sebastián E. Luna, quien, de este modo tan maravilloso respondió a “¿por qué lloran los hombres?”

Una despedida. El final de un libro; el de una película. Una banda sonora de las que primero te erizan el vello y después arrastran tus lágrimas. Enterarse de que Darth Vader es el padre de Luke Skywalker. ¡Picar una cebolla! ¡Rehogar una cebolla! El galeón de los Playmobil. ¡Encontrar el tesoro hundido del galeón de los Playmobil en el fondo de la piscina! Una canción de U2. Un personaje Disney. Cuando salvan a la chica. Tocar un sueño; ver cómo se aleja. Conseguirlo, lo que sea. Enfermar. Sanar. Encontrar aquel vinilo que perseguiste durante años en una tienda de segunda mano.. El olor del cabello en una almohada. Llorar tras ese instante en el que, por segundos desaparece la vida, al eyacular dentro de ti, mujer. Reencontrarse con un ser querido; ver en Facebook cómo le han ido las cosas a un viejo amigo. Las finas lonchas de Campofrío. Que te toque la lotería, o el carro de la compra del Carrefour, o los mil euros del cumpleaños de Cadena 100, o la de Induráin en la tómbola del pueblo. Recibir un WhastApp, ojo, no cualquier WhastApp. Una estación de tren sin más pasajeros que una chica sentada en el otro andén. Ver a tu mascota menear el rabo cuando entras en casa, o a tu gato restregándose contra tus espinillas. Que una niña de cinco años te diga que eres un hombre guapo. Entender el motivo por el que el zorro del Principito ama a su rosa. Una comida, sobre todo si la hace mi madre; aún más si es la de navidad. Leer a Murakami y saber que, aun después de cien vidas, jamás podré escribir como él. Comprender, al fin, lo que quiso decir Bécquer en: «quema invisible atmósfera abrasada» (Ojo que esta lágrima, aún no la he soltado) Una página en blanco. No ser capaz de salir de esa página en blanco. Escribir la palabra FIN, en el momento en que toca hacerlo. Un amor perdido; uno no encontrado, otro no conseguido; uno, al fin, consolidado. Conocer a Ana Frank, y al Guardián entre el centeno. Ponerse el pijama del niño del pijama de rayas. Ver correr a un corzo en libertad. Ver correr a un galgo detrás de ese corzo en libertad. Volver del campo con un cesto lleno de bolletus. Pescar un pez. Comerme ese pez. Un concierto de ACDC. Pasarse un videojuego. Un cuadro. Una obra teatral de mis sobrinos. Las grandes cosas; las pequeñas. Salir a correr después de una lesión. Ver llorar a mis hijos. Ver reír a mis hijos. Un amanecer. Un atardecer. Comprender lo que es la vida; el valor de un instante, y lo inservible que resulta querer repetirlo.

Podéis seguir a Sebastián E. Luna en Facebook y su web:

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